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Emilio Campmany

Ximo Puig se hace de Vox

Los socialistas jamás devolverán competencias fiscales al Estado porque eso les llevaría a enfrentarse con sus aliados nacionalistas.

Emilio Campmany
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Los socialistas jamás devolverán competencias fiscales al Estado porque eso les llevaría a enfrentarse con sus aliados nacionalistas.
Ximo Puig | EFE

La bajada de impuestos anunciada por la nueva presidenta de la Comunidad de Madrid ha provocado la airada reacción de los barones socialistas, muy especialmente del valenciano Ximo Puig. Acusan al PP de hacer dumping fiscal, atrayendo de ese modo inversiones y capitales. De esa manera tramposa, dicen, es como Madrid logra ser una de las regiones más prosperas de España. Tienen razón. Es injusto que los españoles soporten una carga fiscal diferente según donde vivan. Y además es un atentado al principio constitucional de igualdad ante la ley. Pero lo cierto es que País Vasco y Navarra llevan haciendo dumping fiscal desde hace décadas y los socialistas jamás se han quejado. Lo hacen ahora que el PP se permite la libertad de bajar los impuestos donde gobierna dentro de unos límites mucho más estrechos de los que disfrutan las Haciendas forales.

Tienen pues razón los socialistas cuando dicen que el Estado debería recuperar los impuestos cedidos a las comunidades autónomas y ser él quien los recaude aplicando tipos y normas iguales para todos. Lo que no hacen es extraer la consecuencia lógica de esta medida. Ellos quieren que la responsabilidad de la recaudación corresponda en exclusiva al Estado, pero que las autonomías conserven la de gastar. Esto no sólo es ineficiente, dado que el responsable de gestionar que no tiene la responsabilidad de recaudar tiende al despilfarro. Es también antidemocrático. Los ciudadanos tenemos derecho a que quienes elegimos para que nos pongan impuestos sean también quienes inviertan el dinero que se recauda con ellos. Deberíamos tenerlo para poder censurar o respaldar con nuestro voto el modo en que se administra. No es democrático que quien gasta el dinero de todos responda sólo ante una parte. Entonces lo que habría que hacer con las autonomías, de prosperar la propuesta de los barones socialistas, es suprimirlas por ineficaces y antidemocráticas. A esto es a lo que conduce en última instancia la propuesta de Ximo Puig, en sorprendente coincidencia con el programa de Vox.

No obstante, la buena noticia no es que Ximo Puig se haya hecho de Vox sin saberlo. Es mejor aún la de que los socialistas jamás devolverán competencias fiscales al Estado porque eso les llevaría a enfrentarse con sus aliados nacionalistas de Cataluña, País Vasco y demás. Al contrario, el PSOE, de hacer algo, lo que hará será ampliarlas. De manera que Madrid y las demás regiones en las que sus ciudadanos tengan el buen sentido de votar a la derecha podrán seguir bajando impuestos y generando riqueza para todos, incluidos los votantes socialistas. Al final, Ximo Puig no sólo se hará de Vox, sino que se irá a vivir a Madrid cuando sus aliados de Compromís le echen del Gobierno.

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