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Emilio Campmany

La libertad de expresión del bolchevique

Lo que Iglesias quiere en realidad es que haya un partido único, el suyo, que domine a los medios.

Emilio Campmany
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Lo que Iglesias quiere en realidad es que haya un partido único, el suyo, que domine a los medios.
Ferreras e Iglesias. | La Sexta

Iglesias se queja de que en España los medios de comunicación son más poderosos que él, que es vicepresidente del Gobierno. No se puede ser más fariseo. El problema en España no es que los medios de comunicación sean libres para defender sus intereses ideológicos. El problema es que no lo son y, en consecuencia, sirven a los dictados del Gobierno. Rajoy exigió a La Sexta apoyar a Podemos para restar votos al PSOE, la pinza de la que habló Mauricio Casals. Si en España hubiera existido realmente libertad de prensa, es posible que Podemos hubiera sido capaz de reunir otros respaldos, pero no el de la empresa que edita La Razón o posee Onda Cero. Y sin embargo, lo tuvo. ¿Por qué? Porque al Gobierno de España de entonces le convino o, mejor dicho, creyó que le convino. Dicho de otra forma, Iglesias es vicepresidente del Gobierno precisamente gracias a que los medios de comunicación en España no son suficientemente libres y dependen del Gobierno.

Aquí, los grandes medios no se preocupan de proporcionar a sus lectores información veraz a cambio de su suscripción en contante o de soportar la publicidad que contraten. Se preocupan tan sólo de satisfacer al Gobierno porque la mayoría de sus ingresos dependen de él. A veces se trata de groseras subvenciones, pero muchas otras la compra de voluntades se disfraza de publicidad institucional o de la que procede de empresas cuyos beneficios dependen de decisiones del Gobierno, ya sean imperios de telecomunicación, de suministro de energía, de servicios financieros o de tantos otros mercados intervenidos. 

Esta antidemocrática sumisión no le parece bastante al bolchevique. Quiere que sea una dependencia orgánica, que no haya más medios que los públicos y así no tener que leer ni una palabra que ridiculice las muchas tonterías que alumbra su parienta –ministra uxoris causa–, ponga en evidencia las enormes sandeces que producen los dirigentes de Podemos o exponga a escarnio público las ocurrencias de sus ministros. Finge creer que las trapisondas fiscales de Monedero con Neurona han salido a la luz porque los medios españoles son excesivamente libres. Sabe perfectamente que no. Esta es la enésima operación política interesada de la Agencia Tributaria. Si nos enteramos de algo es gracias a las peleas de los políticos, muy especialmente aquellas en las que se enzarzan los dos partidos del Gobierno. Son los políticos los que filtran, los que movilizan a la Fiscalía, los que inducen a la mayoría de los jueces y, por supuesto, los que empujan al grueso de los periodistas. La única ventaja para la libertad, por ahora, es que, habiendo varios partidos con diferentes cuotas de poder, su encarnizada lucha y las puñaladas traperas que se asestan unos a otros permite que los ciudadanos lleguemos a enterarnos de algo de la mucha podredumbre que les rodea. 

Lo que Iglesias quiere en realidad es que haya un partido único, el suyo, que domine a los medios. No le incomoda la libertad de expresión, que en realidad no existe, sino la mera apariencia de ella.

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