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Emilio J. González

A las puertas del 8.000

Emilio J. González
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La psicología bursátil tiene, a veces, cosas muy curiosas. Una de ellas es el respeto que causa entre los inversores que los índices representativos de los mercados de valores lleguen a cifras terminadas en tres ceros. Al Dow Jones le costó en la década de los sesenta más de diez años el poder superar los mil puntos, cifra que estuvo rondando durante ese tiempo. Decían en Wall Street que superar ese nivel equivalía a romper la barrera del sonido, así es que cada vez que el índice representativo del parqué neoyorquino flirteaba con el mil aparecían las ventas masivas de acciones. Eso sí, cuando rompió esa resistencia al alza le costó tan sólo dieciocho años llegar a los 12.000 puntos.
 
Ese respeto a los múltiplos enteros de mil también se produce en Lealtad 1. El índice representativo del mercado español, el Ibex 35, ha dado en los últimos meses muestras de lo que le imponen las cifras que se escriben con tres ceros. Al Ibex le costó romper los 7.000 puntos y esta semana ha tanteado los 8.000 pero sin atreverse a ir más allá, aunque puede que no tarde mucho tiempo en superar esa barrera y marcharse hacia los 8.200 puntos. Razones para ello hay varias y de peso.
 
En primer término, acaba de empezar la temporada de presentación de resultados, tanto del cuarto trimestre de 2003 como, lógicamente, del conjunto del año. Si son buenos, como es probable que suceda, el mercado los puede acoger con alegría en forma de subida de las cotizaciones. Esta semana ya ha dado síntomas claros de lo ansioso que está de recibir buenas noticias por el lado empresarial y de qué forma las premia: el ejemplo ha sido Iberia, cuyo precio se ha disparado primero con el anuncio de British Airways de una mejora de sus previsiones y luego con los buenos datos de ocupación de los aviones en diciembre facilitados por la aerolínea española.
 
En segundo lugar se encuentra el dólar. Han bastado tres declaraciones del Banco Central Europeo manifestando su preocupación por la evolución de la moneda única frente al dólar para que los especuladores, al menos por ahora, hayan pisado el freno en su estrategia de hacer caer la divisa estadounidense frente a la europea para después volverla a comprar mucho más barata y con enormes beneficios. Pero también ha habido otra cuestión de fondo aún más importante. La inversión extranjera en Estados Unidos se aceleró considerablemente en noviembre, lo que sugiere que la sangría de dólares que ha padecido la economía norteamericana puede haber llegado a su fin y, con ello, la bajada del ‘billete verde’. De confirmarse esta perspectiva, la cotización de las empresas más afectadas por ello, las que tienen intereses en Latinoamérica, entre ellas las cinco mayores del Ibex 35, verán mejorar su cuenta de resultados en los próximos meses simplemente por un tipo de cambio más favorable entre el dólar y el euro.
 
Latinoamérica, precisamente, puede ser el tercer motor de las nuevas revalorizaciones del Ibex. Las principales economías de la zona están recuperando el pulso económico y las bolsas de algunas de ellas, especialmente las de Brasil y Argentina, llevan unos meses imparables y marcando máximos sesión tras sesión. Si a ello se une que, poco a poco, la reactivación económica en España y en la Unión Europea va ganando cuerpo, el cuadro de causas para justificar nuevas subidas de las acciones está completo.
 
¿Por qué, entonces, esta semana, en la que, de todas formas, el Ibex ha ganado un 0,9%, no ha superado los 8.000 puntos? ¿Por qué hay tanto respeto a ese nivel? Posiblemente porque los inversores que se guían por los dichosos gráficos para tomar sus decisiones las han pospuesto pensando que la Bolsa española tendría que caer hasta los 7.500 puntos para volver a entrar en ella. Esos inversores ahora se dan cuenta de que han perdido un tren y una buena oportunidad de ganancias y esperan a una simple y pequeña corrección del Ibex, no más allá de los 7.800 puntos para comprar. Lo malo es que la inversión extranjera, la que de verdad mueve el parqué español, no piensa lo mismo. Así es que, como los resultados empresariales sean buenos, como se presume, más de uno vuelve a perder el tren o tiene que subirse a él cuando ya esté en marcha. Es el problema de no analizar los fundamentales de la economía y de las empresas y fiarlo todo al análisis técnico porque la Bolsa española, con un PER de poco más de doce, está muy barata, se mire como se mire.

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