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Emilio J. González

¿A quién ha salvado Zapatero?

Los problemas presupuestarios tan graves que ha creado Zapatero no han sido por salvar al sistema financiero. Han sido porque se ha dedicado a hacer de las suyas, a jugar al más burdo populismo electoralista con el dinero de todos.

Emilio J. González
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Sabíamos que el síndrome de La Moncloa lleva a los presidentes de Gobierno, a partir de su segunda legislatura, a considerarse grandes líderes internacionales y, con ello, a desentenderse en buena medida de los problemas patrios para concentrar su talento y sus esfuerzos en la política exterior. Con Zapatero ahora descubrimos que ese mal también puede provocar alucinaciones. Dice ZP que resulta paradójico que "nos examinen los mercados a los que hemos salvado". Además de demostrar una vez más –¿cuántas van ya?– que no entiende nada de nada, nuestro presidente del Gobierno ahora quiere apuntarse méritos, si es que se les puede llamar tal cosa, que no le corresponden. Porque, ¿a quién ha salvado él realmente? ¿Qué ha hecho él por la estabilidad financiera internacional? Nada de nada, sino todo lo contrario.

A Zapatero nadie le esperaba ni contaba con él a la hora de tomar las decisiones, acertadas o no, puestas en marcha para afrontar la crisis financiera internacional. Recordemos su pataleta porque Bush no le quería invitar a la Cumbre del G-20, a la que al final acudió después de poner en vergüenza a toda España suplicando un asiento que no le correspondía y que, al final, le cedió Sarkozy porque él ya tenía uno como presidente de turno de la Unión Europea. ¿Y qué ha aportado ZP en esas reuniones? Pues su charlatanería y su populismo habituales, porque soluciones prácticas, ni por casualidad. Fueron los Bush, Sarkozy, Merkel y Brown quienes de verdad cogieron el toro por los cuernos y actuaron en consecuencia, con acierto o sin él, pero actuaron. En cambio, el presidente del Gobierno fue incapaz de aportar una sola idea válida. Sin embargo, como parece que se encierra cada vez más en sus fantasías para no ver la cruda y dura realidad que él tanto ha hecho por crear, ahora encuentra consuelo en creerse sus propios sueños de gran estadista mundial, de gran líder salvador de la comunidad internacional, y ni las fuertes críticas que le están lloviendo por todas partes por su desastroso desempeño de la presidencia de turno de la UE y su aún más catastrófica gestión de la crisis en España consiguen apearle del burro. Él, a lo suyo, aunque resulte patético ver cuán alejado se encuentra ya de la realidad.

¿Y en España? ¿A quién ha salvado en nuestro país? A los mercados, desde luego que no. Tampoco se puede decir propiamente que haya salvado a entidad financiera alguna, porque lo de Caja Castilla-La Mancha o lo de Caixa Catalunya es otra cosa muy distinta. Es, básicamente, salvar la cara a políticos socialistas que han hundido ambas entidades, en el primer caso a un ex secretario de Estado y en el segundo a un ex ministro, ambos con Felipe González. Y no lo ha hecho por solidaridad con sus correligionarios, qué va. Lo ha hecho por un simple y frío cálculo político. Si hubiera dejado caer a CCM, como debería haber hecho, el escándalo en la región hubiera sido tal que entonces sí que estaría garantizada allí la victoria del PP en las autonómicas que ya empiezan a vaticinar las encuestas. Si no hubiera lanzado un salvavidas a la caja catalana hubiera puesto en aprietos a Montilla y los suyos, además de que el presidente de la entidad, Narcís Serra, le hubiera recordado en todo momento cuántos favores le había hecho a ZP financiando a su amigo Roures y su operación con La Sexta y Público para acabar con el Grupo Prisa. Y, mientras tanto, las cajas de ahorros no acuden al controvertido FROB porque los préstamos que ofrece son al 7% cuando esos recursos, por ahora, se financian al 3%. A esas operaciones no se las puede incluir dentro de la categoría de salvamento de los mercados, sino en la del más puro y descarado intervencionismo político y electoralista. Eso es lo que ha hecho ZP.

Ahora dice que es una paradoja que los mercados le juzguen. Pues cómo no le van a juzgar si los inversores se están jugando su dinero. Tienen todo el derecho a hacerlo. Además, los problemas presupuestarios tan graves que ha creado Zapatero no han sido por salvar al sistema financiero. ¡Ojalá! Han sido porque se ha dedicado a hacer de las suyas, a jugar al más burdo populismo electoralista con el dinero de todos, en lugar de tomar las medidas que tenía que tomar, endeudando España hasta las cejas y colocando al sector público al borde de la suspensión de pagos. Por tanto, no es paradójico que los mercados le juzguen; lo paradójico sería que no lo hicieran, sobre todo teniendo en cuenta que, como se materialice la argentinización de España, la Unión Europea puede conocer una segunda crisis financiera cuando todavía no ha terminado de digerir, ni mucho menos, las consecuencias de la primera. Y encima ZP ahora va de salvador del sistema financiero internacional y de gran reformador de los mercados mundiales. Ver para creer.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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