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Emilio J. González

¿Cuánto nos costará el populismo de ZP?

¿Cuánto nos va a costar el populismo de Zapatero? Sin duda, mucho dinero, y la factura va a seguir subiendo mientras siga de inquilino en La Moncloa, porque en los tres años de legislatura que quedan se le pueden venir a la cabeza muchas más cosas.

Emilio J. González
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En cualquier democracia los gobiernos pueden acertar o equivocarse con las medidas económicas que pongan en marcha, pero su contenido suele responder a los problemas que padece el país y a la ideología de quien las aprueba, aunque a veces vienen trufadas de interese políticos que encuentran difícil defensa. En la España de Zapatero, en cambio, toda la política económica viene supeditada a los intereses del líder –a su popularidad– para lo cual otorga a la sociedad o, mejor dicho, a una parte de ella situada a la izquierda, lo que ZP piensa que demandan. Esta forma de actuar, como es bien sabido, se denomina populismo, del cual hemos tenido innumerables ejemplos a lo largo de los dos últimos años: desde los 400 euros o el ‘cheque baby’ hasta el Plan E o el cierre de la central nuclear de Garoña, pasando por eso que tanto le gusta decir al Ejecutivo de que en esta crisis nadie va a quedar desprotegido. Sin embargo, resulta meridianamente claro que esta forma de actuar, lejos de solucionar los problemas, los agrava y, además, le va a costar muy caro a los españoles, tanto en términos económicos como de sufrimiento. La cuestión es a cuánto va a ascender la ya de por sí onerosa factura que va a pasar a la sociedad esta forma de proceder del presidente del Gobierno.

Por de pronto, el pasado viernes el Consejo de Ministros ya empezó a subir los impuestos, en concreto, los del tabaco y la gasolina, y por lo que ya están diciendo los ministros, esto no ha hecho más que empezar. Aquello de que "bajar de impuestos es de izquierdas", que decía Zapatero en la pasada legislatura hoy se ha mutado por aquello otro de que lo que es de izquierdas es subirlos porque así se hace justicia social. El problema es que no habría necesidad de acometer estos incrementos de la presión tributaria si no fuera porque el señor presidente del Gobierno se ha pasado dos años dilapidando los dineros públicos para tratar de comprar votos entre los descontentos de izquierdas con su gestión, que ya son muchos y su número sigue creciendo. El dinero que se tiró a espuertas ayer hoy ya empieza a pasar factura en forma de los mayores impuestos que tendremos que pagar los españoles para tratar de contener un déficit público que este año llegará a las cercanías del 10% del PIB. Y es que Zapatero, en lugar de recortar el gasto público para poder bajar los impuestos e impulsar de esta forma la actividad económica, se ha dedicado a tirar alegremente de chequera porque quería ser el más socialista de entre los socialistas –españoles y europeos– y porque como está siendo tan calamitosa su gestión de la crisis necesita comprar votos cada vez que se acerca una nueva convocatoria a las urnas. De hecho, el Plan E –o sea, los famosos 8.000 millones de euros para que los ayuntamientos construyan piscinas, saunas y carriles bici– respondía a esa necesidad de ‘arreglar’ las cifras del paro antes de las europeas. Así es como se gobierna la economía española, a golpe de intereses de marketing cortoplacista que, al disparar el desequilibrio presupuestario, se va a traducir en elevadas emisiones de deuda a altos tipos de interés que lastrarán la recuperación y que impedirán en el futuro desarrollar cualquier política fiscal que no sea la del pago de esos intereses, sobre todo a base de que los españoles tributemos más y más.

Los ciudadanos, además, vamos a tener que afrontar un segundo tipo de costes dentro de la factura total que nos van a pasar los años de zapaterismo. Se trata del precio de la energía. A Zapatero se le ha metido entre ‘zeja’ y ‘zeja’ que tiene que cerrar Garoña por narices, porque así lo dice su programa electoral –argumento que vale igual para un roto que para un descosido– y porque quiere ganarse el voto de los ecologistas con esto y con su famoso nuevo modelo productivo basado en las energías renovables. Otra que tal. Resulta que el coste de producción de un kilowatio/hora en una central nuclear es de 18 euros, mientras que con las energías renovables supera los 60 euros. ¿Quién lo va a pagar? Pues usted y yo, naturalmente. Y luego Zapatero dice que los españoles tienen que consumir más para reactivar la economía. ¿Cómo lo van a hacer si con sus políticas no hace más que meter la mano en el bolsillo de la gente, ya sea con más impuestos, ya con una electricidad más cara? Y eso por no hablar de la letra del piso y los créditos al consumo que están ahogando a tantas economías domésticas.

¿Cuánto nos va a costar el populismo de Zapatero? Sin duda, mucho dinero, y la factura va a seguir subiendo mientras ZP siga de inquilino en La Moncloa, porque en los tres años de legislatura que quedan se le pueden venir a la cabeza muchas más cosas. Porque ideas para resolver los problemas económicos no tendrá muchas, pero en ocurrencias para tratar de mejorar su imagen, por desgracia, el presidente del Gobierno va sobrado.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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