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Emilio J. González

De las palabras a los hechos

Solbes, como responsable de la política económica, tendría que ser quien agarrase el toro por los cuernos, llamase al pan, pan y al vino, vino, dijera lo que hay que hacer y se pusiera manos a la obra, dijera lo que dijera Zapatero.

Emilio J. González
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El reconocimiento entre líneas que el vicepresidente económico, Pedro Solbes, ha empezado a hacer sobre la realidad económica española empieza a poner las cosas en su sitio, el primer paso para arreglarlas. Frente a las declaraciones de Zapatero en las que afirmaba que la crisis es "opinable", su lugarteniente económico ya admite lo que otros veníamos diciendo desde hace tiempo, que las cosas están mal y se van a poner mucho peor en los próximos trimestres.

Según Solbes, la economía española creció durante el periodo abril-junio por debajo del 0,3% en términos intertrimestrales. Es decir, el crecimiento se aproxima a cero y si, como dice Solbes, todavía no hemos visto lo peor, entonces la recesión está servida por mucho que Zapatero se empeñe en negarlo. Además, esa tasa del 0,3% lleva a la economía española a un crecimiento del entorno del 1% para el conjunto del año, sensiblemente inferior a los más que optimistas pronósticos del Gobierno, tanto aquellos que sirvieron de base para la elaboración de los presupuestos como los que luego revisó. Las previsiones de crecimiento no se van a cumplir ni de lejos y, por tanto, las de déficit público tampoco, ya que los ingresos serán sensiblemente inferiores a los previstos mientras los gastos crecerán más como consecuencia del aumento del paro y, cuando llegue el momento, de la revisión de las pensiones debido a la más que notable desviación de la inflación sobre ese 2% con que se revalorizaron este año las pensiones de jubilación.

Dicho esto, a Solbes aún le falta la segunda parte. Ya sabe cómo están las cosas, ya lo admite, aunque sea de forma indirecta, entre líneas, con mensajes velados para no dar lugar a titulares periodísticos llamativos. Pero, ¿qué va a hacer para afrontar la que está cayendo y la que va a caer? Porque Solbes también dijo que los momentos más duros serán a finales de 2008 y principios de 2009. Si los actuales ya lo son, cómo serán los que vengan a continuación. En cualquier caso, lo cierto es que la crisis será larga y dura, tal y como veníamos diciendo también hace tiempo, y con un componente añadido, la inflación provocada por el petróleo y los alimentos, cuyas presiones no se espera que remitan antes de 2012. Aquí es donde el Gobierno tiene que dar respuesta y si Zapatero, por negarse a admitir la realidad, insiste en que no se haga lo que se tiene que hacer, Solbes, al menos, debería empezar a hablar de ello, a crear debate y un clima de opinión favorable que fuerce al Ejecutivo a salir de su torre de marfil, a saltar al ruedo para torear este mihura.

Las cosas, desde luego, no son fáciles. Hay que contener el gasto público para evitar que el déficit se dispare y su financiación, que se hace a costa de los recursos necesarios para financiar al sector privado, provoque más problemas de los que ya tenemos. Pero la cuestión es quién le va a poner el cascabel al gato en este Gobierno, porque Zapatero se hartó en la campaña electoral de prometer más y más gasto público. La inflación también exige medidas drásticas, no simplemente una congelación del sueldo de los altos cargos que por sí sola no basta para convencer a los ciudadanos de que hay que apretarse el cinturón en lugar de reclamar que las subidas salariales se adapten a la evolución de los precios. Hay que hacerlo también para evitar la sangría en el gasto público, a través de las pensiones, que va a suponer su revisión con las tasas de inflación que estamos conociendo. Y nuevamente vuelve la pregunta de quién le pone el cascabel al gato porque ni Zapatero está por liberalizaciones ni por olvidarse de sus promesas de incrementar tanto el salario mínimo interprofesional como las pensiones mínimas.

En buena lógica, Solbes, como responsable de la política económica, tendría que ser quien agarrase el toro por los cuernos, llamase al pan, pan y al vino, vino, dijera lo que hay que hacer y se pusiera manos a la obra, dijera lo que dijera Zapatero. Porque no basta con desmarcarse del discurso oficial del Gobierno. Está muy bien que empiece a decir lo que está diciendo, aunque no sea claro y rotundo, pero también tiene que empezar a pasar de las palabras a los hechos. Lo malo es que la distancia que media entre ambas es, por lo visto, muy larga.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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