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Emilio J. González

Ejemplo a seguir

Emilio J. González
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La decisión que está a punto de tomar el Gobierno Foral de Navarra de aumentar de cinco a siete años el plazo de las cuentas ahorro vivienda, es una de las mejores medidas que se pueden adoptar para favorecer la compra de una casa y un ejemplo de todo lo que se puede y se debe hacer desde el ámbito autonómico en favor de la sociedad. Las cuentas ahorro vivienda gozan de un beneficio fiscal muy interesante: el dinero depositado en ellas se deduce de la base imponible del Impuesto sobre la Renta, es decir, no está sujeto a tributación y puede ayudar a reducir el tipo marginal del impuesto. En toda España, ese privilegio dura cuatro años; en Navarra, se extiende a cinco y, a partir del 1 de enero de 2004, se prolongará hasta los siete años. Esta medida, que se establecerá para favorecer la compra de una casa a quien le venza el plazo y no pueda hacerlo, debido al fuerte incremento experimentado por el precio de la vivienda a lo largo de los últimos años, sin duda será de gran ayuda ya que permite acometer la adquisición de la casa con una cantidad de dinero mayor.
 
Más interesante quizá es el hecho de que quien se encuentre con el periodo de vigencia de la cuenta vivienda a punto de vencer no se verá obligado a adquirir una casa a cualquier precio con tal de no tener que devolver el dinero ahorrado en la declaración de la renta, o a perder este beneficio fiscal si no compra una casa. Ambas cosas pueden derivar en el aplazamiento de la decisión de compra de una vivienda, lo que reducirá la presión por el lado de la demanda y debería ayudar a moderar la evolución de los precios. Desde este punto de vista, por tanto, la medida que está a punto de aprobar el Gobierno de Navarra es bastante positiva y posiblemente debería ser imitada por el resto de comunidades autónomas en las que el plazo de la cuenta es de sólo cuatro años.
 
Ahora bien, esta política no está exenta de riesgos que deben ponderarse adecuadamente. El principal de ellos es que los promotores se aprovechen de esta circunstancia para volver a subir el precio de las casas, al saber que, de entrada, el comprador va a tener más capacidad de pago. Es lo que sucedió con las medidas aplicadas en la década de los ochenta de subvencionar los intereses del préstamo hipotecario. Por ello, aunque la política de Navarra va bien encaminada, debería acompañarse de medidas tendentes a liberalizar la oferta de suelo, para cercenar de raíz la capacidad de los promotores de aprovecharse de ella y, sobre todo, para permitir, de una vez por todas, que baje el precio de la vivienda.

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