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Emilio J. González

El cáncer de Europa

Emilio J. González
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Mientras el secretario del Tesoro de Estados Unidos anunciaba esta semana que la economía norteamericana podría estar creciendo este trimestre muy por encima de lo previsto por los analistas, la Comisión Europea se descolgaba con unas previsiones para el primer trimestre de 2003 bastante pesimistas, que hablar de un aumento del PIB de entre el -0,2% y el 0,2%. Dicho de otra forma, mientras Estados Unidos avanza poco a poco por el camino de la recuperación, la UE sigue deslizándose por la senda del estancamiento. ¿Qué hace a la economía norteamericana tan distinta de la europea? Probablemente que la primera no sufre el cáncer estatista de la segunda.

Esta semana se ha producido el último ejemplo de esta enfermedad, concretamente en Francia. El Gobierno galo acaba de aprobar un crédito de 9.000 millones de dólares para salvar de la quiebra a France Telecom. La compañía arrastra una deuda de 78.000 millones de euros y pide a gritos un plan de saneamiento, puesto que sus niveles de eficiencia son bajos, le sobra personal –que tiene la condición de funcionario– por los cuatro costados y, además, tiene que hacer frente a las consecuencias de la orgía financiera de la adjudicación de las licencias de telefonía UMTS en la que fue actor principal. Todo ello pudo hacerlo gracias a que cuenta con el respaldo del Estado francés, siempre presto a acudir en ayuda de su ‘campeón’ nacional, y público, de las telecomunicaciones.

En condiciones normales, France Telecom tendría que apañárselas sola para salir de los problemas en que ella misma se ha metido, incluso si se viera abocada a la quiebra. Pero es así como funciona el mercado, castigando a quienes no lo hacen bien y premiando a los que han hecho las cosas como deben. De esta forma, el sistema productivo se limpia poco a poco de los ineficientes y recompensa a los que funcionan bien. Esta es la única manera de contar con una economía competitiva: tener empresas, y muchas, que lo sean. Sin embargo, en cuanto el apoyo público entra por la puerta, la eficiencia se marcha por la ventana porque los gestores, sabedores de que el Estado les protegerá siempre que pueda, se pasan del terreno de la prudencia al de los excesos. Y los excesos, al final, hay que pagarlos. Por eso, France Telecom se encuentra en la situación actual; por eso, las empresas francesas no son tan competitivas como las estadounidenses. Eso sí, gracias al apoyo estatal, las compañías galas se dedican a comprar empresas en el resto de Europa.

Esta situación, además, no es exclusiva de Francia. Alemania acaba de hacer lo mismo con Mobilcom, la operadora de telefonía móvil. Y los problemas de falta de competitividad allí son iguales o más graves aún que los de los franceses.

En Estados Unidos, por el contrario, el Gobierno acaba de rechazar garantizar un aval, que es menos que una ayuda, de 1.800 millones de dólares para la compañía aérea United Airlines que, probablemente, se verá abocada a suspender pagos. Es el sistema norteamericano, en el que quien fracasa desaparece y quien lo hace bien sobrevive. Por eso su economía es muy competitiva y está saliendo ya de la crisis mientras que la europea sigue caminando hacia el estancamiento sin saber cuando terminará esta situación; por eso también los europeos no sólo no están a la altura de los estadounidenses sino que siguen perdiendo terreno frente a ellos. Y es que, al final, el estatismo es un cáncer para la Unión Europea y su economía.

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