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Emilio J. González

El caos de la energía

Nada de esto ocurriría si el Gobierno hubiera tomado el mismo camino que, desde hace ya algunos años, están siguiendo el resto de países de la Unión Europea: el retorno a la energía nuclear.

Emilio J. González
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El Gobierno ha conseguido transformar la política energética en un verdadero caos en el que nadie sabe a qué atenerse excepto a que los ciudadanos pagamos cada vez más por el recibo de la luz a cuenta de las iluminaciones de Zapatero y su equipo. De momento, el Ejecutivo acaba de aprobar un incremento del precio de la electricidad para uso doméstico del 10%–, para recibir bien el año nuevo–, que se suma al aumento de más del 30% que viene registrando desde el año pasado. La excusa es el precio del petróleo, que se ha situado por encima de los 90 dólares por barril, y un euro que se debilita frente al dólar, la divisa en la que se paga el crudo. Pero la realidad es que todo esto no es más que el producto de la insensata estrategia en materia de energía que viene siguiendo ZP desde que llegó al poder.

Hoy por hoy, la estrategia de política energética de los países desarrollados se basa en tres pilares: la seguridad en el abastecimiento, que éste sea a costes razonables y que la producción y consumo de energía sean respetuosos con el medio ambiente. Pues bien, Zapatero ha hecho justo lo contrario en los tres puntos. En primer término, seguimos teniendo una fuerte dependencia de los productos energéticos importados, en concreto, del petróleo y del gas natural. De hecho, el 70% de la energía que consumimos, que se corresponde con estas dos fuentes, procede del exterior, veinte puntos más que la media de la Unión Europea. Y esto no lo ha cambiado, ni mucho menos, la apuesta por las energías renovables que viene desplegando Zapatero desde que llegó al poder y que, a la vista de los resultados, es un verdadero fracaso en tanto en cuanto nuestra dependencia externa sigue siendo muy elevada y expone a la economía española a dos riesgos fundamentales: el de la falta de abastecimiento si algún día hay algún problema en los países que nos suministran productos energéticos, que ni son democracias ni son políticamente estables, y el de encontrarnos expuestos permanentemente a los vaivenes en la cotización del petróleo y del gas, que suelen ser al alza. Con lo cual, pagamos la energía cada vez más cara y, encima, seguimos sin corregir a cuenta de ello nuestro grave problema de balanza de pagos.

Las renovables no nos solucionan el problema porque, si bien no dependemos del exterior en este terreno, son energías muy caras y que hay que subvencionar, tanto vía presupuestos como vía tarifa, y, por tanto, incrementan de manera considerable el recibo de la luz y así, junto con nuestra fuerte dependencia energética del exterior, somos cada vez más pobres y tenemos más problemas con nuestro crecimiento económico a través de los costes de la energía. Encima, para empeorar aún más las cosas, a Zapatero no se le ha ocurrido nada mejor que obligar a las eléctricas que operan en España a consumir carbón nacional para producir energía, el cual es mucho más caro que el carbón importado y, además, es altamente contaminante, lo cual se contradice con los principios segundo y tercero de la política energética en los países desarrollados. Y todo para mantener artificialmente a la minería del carbón de Rodiezmo y demás zonas hulleras, que son caladeros tradicionales de votos para la izquierda. Un capricho que tenemos que pagar entre todos.

Nada de esto ocurriría, sin embargo, si el Gobierno hubiera tomado el mismo camino que, desde hace ya algunos años, están siguiendo el resto de países de la Unión Europea: el retorno a la energía nuclear. Esta es la única fuente de energía que, en lo que a España se refiere, cumple con los tres principios de la política energética moderna. Tenemos seguridad en el abastecimiento entre otras cosas porque en nuestro país se encuentran las mayores reservas de uranio de Europa. Su precio no plantea problema alguno ni para el crecimiento económico ni para las economías domésticas porque es un 30% inferior al precio actual de la luz. Y desde que se puede reutilizar el 95% del uranio empleado en la producción de electricidad y para el 5% restante se han desarrollado sistemas altamente seguros de almacenaje de residuos, es una energía limpia. Hasta el fundador de Greenpeace lo reconoce, por no hablar ya del Felipe González que decretó el ‘parón’ nuclear. Pero Zapatero, que sigue anclado en las obsesiones de su adolescencia, no lo admite. Se niega por completo a aceptarlo y se ha empeñado en cerrar las centrales nucleares españolas, le cueste lo que le cueste, cuando en ellas, y en el desarrollo de otras nuevas, reside la solución.

Ahora bien, cuando llega el momento de la verdad, Zapatero tampoco está por la labor de responsabilizarse plenamente el coste de sus decisiones, sobre todo en lo que al apoyo de los ciudadanos a los socialistas se refiere, y ahora pretende que las eléctricas asuman parte del coste con tal de no trasladarlo a las familias en su totalidad. Lo cual es una decisión tremendamente errónea, cuyas consecuencias las vamos a pagar en el futuro. Si hace tiempo que las eléctricas vienen frenando su ritmo de inversiones en España, debido a las crecientes incertidumbres regulatorias que derivan de este Gobierno, ahora, simplemente, van a dejar de hacerlo, con lo cual corremos el riesgo de que suceda lo mismo que a principios de la década pasada, esto es, que los apagones estén a la orden del día porque el Ejecutivo de Aznar se empeñó en bajar la inflación a golpe de reducción de tarifa por decreto y las eléctricas, en consecuencia, dejaron de invertir. Y por si no fuera bastante con ello, las empresas relacionadas con las energías renovables ahora ven cómo peligran sus inversiones porque de la misma forma que Zapatero decidió subvencionarlas, ahora ha decidido recortar las ayudas. Véase, por ejemplo, el caso de las fotovoltaicas. Vamos, que ZP es incapaz de mantener en el tiempo sus apuestas si éstas limitan su capacidad para gastarse los dineros públicos en sus demás políticas ideológicas.

El mundo de la energía, como se ve, es un verdadero caos y está completamente patas arriba a causa de las iluminaciones de ZP, ese presidente tan social que no duda en empobrecer todavía más a los españoles con tal de seguir adelante con sus ocurrencias y no dar su brazo a torcer.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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