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Emilio J. González

El descrédito de las instituciones

Emilio J. González
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El euro necesita instituciones fuertes y creíbles para que sea una moneda de confianza y una divisa que pueda mirar cara a cara al dólar, tanto en el comercio internacional como en su característica de moneda de reserva. Sin embargo, las instituciones de la unión monetaria están fallando y se hallan inmersas en el descrédito.

Empecemos por la Comisión Europea. El Ejecutivo comunitario es el encargado de velar por el cumplimiento del Pacto de Estabilidad, aquella imposición alemana por la cual ningún país del euro podría tener déficit superiores al 3% del PIB y, además, vendría obligado a realizar todos los esfuerzos posibles, dentro de lo razonable, para lograr el equilibrio presupuestario. Alemania impuso estas obligaciones poco menos que por la fuerza y exigió a Bruselas que velara por su cumplimiento y actuara en consecuencia contra los infractores. La Comisión, sin embargo, no lo ha hecho. Ha sido dura con Irlanda y Portugal, pero no así con la propia Alemania, cuyo desequilibrio fiscal ya ha sobrepasado el límite máximo permitido en el Pacto. Lo lógico, por tanto, hubiera sido que se le impusiera la sanción prevista en el Pacto de Estatibilidad de un 0,25% del PIB por cada punto de desviación. Pero cuando llegó la hora de la verdad, la Comisión se arrugó, su presidente, Romano Prodi, empezó a decir que el Pacto no era tan importante, otros comisarios le secundaron y se preparó el lío dentro mismo de la Unión Europea, porque los países cumplidores, como España, Austria, Holanda y Finlandia, pusieron el grito en el cielo y protestaron enérgicamente.

Ahora Bruselas da marcha atrás y anuncia la apertura de un expediente a Alemania. Pero el daño ya está hecho, porque se sabe que las instituciones de la unión monetaria ceden a las presiones políticas, no son firmes y, por tanto, el euro transmite imagen de falta de seriedad en la política económica que lo respalda, con lo que su credibilidad se resiente.

Sigamos por la otra pata, el Banco Central Europeo. El instituto emisor, de entrada, ha fijado una estrategia antiinflacionista muy discutible. El banco dice que su objetivo es que la inflación de la zona del euro se sitúe en el 2% o por debajo de ese nivel. Pero, ¿por qué el 2% y no el 1,5% o el 3%? No hay ninguna razón ni para establecer semejante línea de actuación ni para mantener una política rígida en vez de dinámica e ir adaptándola a la evolución de los precios y de las circunstancias cambiantes que determinan la misma. De hecho, eso ha resultado en un fracaso del BCE porque apenas ha conseguido situar la inflación por debajo de ese nivel en los casi cuatro años que lleva de existencia. Lo mismo sucede con el objetivo intermedio, la famosa M3, que nunca ha crecido a esa tasa objetivo del 4,5% anual marcada por el banco, sino que, en general, lo ha hecho muy por encima de la misma. Todo ello, y las concesiones políticas que han hecho, ha minado la credibilidad de las instituciones monetarias. Ese es el problema para el euro.

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