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Emilio J. González

El doble lenguaje de Zapatero

ZP hizo lo que hizo y luego, cuando llegó la hora de la verdad, tuvo que mendigar a lo largo y ancho del mundo apoyos para tener un asiento en donde ni se le quería ni se le esperaba y, al final, tener que acabar comprándolo sin que los españoles sepamos

Emilio J. González
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El espectáculo ha concluido y llega el momento de la reflexión, de preguntarse para qué ha servido la presencia de Zapatero en la Cumbre de Washington y si el precio que va a tener que pagar nuestro país por el asiento que le cedió Francia va a compensar los resultados. Porque lo que hemos visto en Washington es más de lo mismo: ausencia de ideas y propuestas reales y concretas por parte del presidente del Gobierno y un nuevo ejercicio de doble lenguaje al que Zapatero ya nos tiene tan acostumbrados por estos pagos.

No cabe duda de que España hubiera estado en la Cumbre de Washington sin tener que pedir ningún favor ni pagar precio alguno con que Zapatero hubiera cuidado un poco las relaciones con Estados Unidos, en vez de buscar desde el primer momento la forma de abofetear, metafóricamente hablando, a Bush. Pero ZP hizo lo que hizo y luego, cuando llegó la hora de la verdad, tuvo que mendigar a lo largo y ancho del mundo apoyos para tener un asiento en donde ni se le quería ni se le esperaba y, al final, tener que acabar comprándolo sin que los españoles sepamos todavía a cuánto va a ascender la factura de esta nueva operación de marketing del presidente del Gobierno. Porque, por ahora, el único resultado claro de la presencia de España en la Cumbre de Washington es nada más que ese.

Por lo demás, la presencia y la intervención de Zapatero no es que hayan dejado mucho que desear, sino que ha vuelto a ser una nueva y lamentable demostración del talante de ZP. Quería estar allí solo para aparecer en la foto y para presentarse como el adalid de la socialdemocracia, con un discurso no solo vacío de contenido –para decir que hace falta más transparencia y más regulación en los mercados financieros internacionales no hacía falta ir a Washington- sino cargado de doble lenguaje. Por ejemplo, Zapatero expresó la necesidad de preocuparse por la desigualdad y la pobreza en el mundo, olvidándose que es él y su Gobierno quien está utilizando los fondos de ayuda al desarrollo para financiar esa megalomania plástica que ha encargado a Barceló que pinte en Naciones Unidas. Por no hablar de la forma en la que actúa el Ejecutivo cuando llega la hora de la verdad, por ejemplo, cuando el pasado año Ucrania pidió iniciar negociaciones de adhesion a la Unión Europea, con el fin de estimular su desarrollo económico y consolidar su joven democracia, y el Gobierno puso el veto.

Zapatero se dedicó a predicar con el ejemplo a la hora de hablar de lo que hay que hacer para superar la actual crisis financiera. Su discurso enfatizó la necesidad de incrementar la transparencia del sistema financiero internacional cuando aquí se obstina en mantener en el secretismo todo lo relativo a las ayudas al sector crediticio. Por lo visto, lo que vale para el mundo no sirve para nuestro país. También insistió en la necesidad de políticas fiscales coordinadas. Sin embargo, lo que entienden en otros lugares del mundo por políticas fiscales para afrontar la crisis no es el cheque baby o el incremento de la cuantía de las prestaciones sociales, sino recortes de impuestos para que las empresas y los ciudadanos puedan afrontar la crisis y superarla lo antes possible. Y todo ello partiendo de unos presupuestos realistas, acordes con la realidad económica, y no de unos presupuestos como los presentados por el Gobierno a todas luces impropios para la gravedad que está alcanzando la crisis en España. En definitiva, para un viaje tan corto no hacían falta tantas alforjas.

Por lo demás, la Cumbre ha resultado lo que se esperaba de ella. No ha habido grandes propuestas, solo el compromiso de avanzar hacia una mayor transparencia y una mayor y mejor supervisión de los mercados financieros internacionales, así como una reforma de los organismos multilaterales, pero sin llegar a concretar nada porque no había estudios previos sobre los que trabajar. El G-20 volverá a reunirse en abril para estudiar propuestas concretas en esta dirección. En consecuencia, no se puede decir, como dice Zapatero, que después de la reunión de Washington las cosas han cambiado en relación a la crisis porque aquí no ha cambiado nada. Simplemente los países asistentes han acordado unas bases comunes de trabajo que veremos a ver si en abril fructifican en algo concreto. Mientras tanto, todo sigue igual, a la espera de esas concreciones. Por eso, no se puede afirmar, como hace Zapatero, que las expectativas de recuperación son ahora mayores. No lo serán hasta que se conozcan los acuerdos de la próxima reunión de abril, si es que llegan a producirse. Y en cuanto a España, las expectativas mejorarán el día en que el presidente del Gobierno empiece a tomar las medidas que muchos le venimos reclamando desde hace más de un año, cuando insistía en negar la realidad de la crisis. Eso es lo único que va a salvar a nuestro país, no los acuerdos internacionales porque por estos pagos lo que se sufre no es solo la crisis financiera internacional, sino la nuestra propia, que es anterior y mucho más grave.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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