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Emilio J. González

El ejemplo irlandés

Salir del atraso y converger con los países centrales de la UE pasaba necesariamente por impulsar una formación de calidad que permitiera a los irlandeses subirse al carro de la industria y los servicios de vanguardia.

Emilio J. González
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Irlanda es un país que me gusta mucho, pero si por algo le envidio es por sus sindicatos. Cuando tuvo que afrontar el reto de dejar de ser uno de los países más pobres de Europa Occidental, sus sindicatos colaboraron en algo tan fundamental como la reforma del sistema educativo. Salir del atraso y converger con los países centrales de la UE en un país poco industrializado y con escasos recursos naturales, pasaba necesariamente por impulsar una formación de calidad que permitiera a los irlandeses subirse al carro de la industria y los servicios de vanguardia. Los sindicatos fueron una parte tan importante como activa de ese pacto en pro de un capital humano de primera que rindió importantes frutos hasta el punto de que, antes de que estallara la crisis financiera internacional, la renta per cápita de Irlanda, en paridad de poder adquisitivo, era del 120% de la media de la UE. Ningún país miembro, ni siquiera la España de los avances tan impresionantes de la era Aznar, había logrado semejante resultado, lo que demuestra la importancia de un sistema educativo de calidad.

Aquí, sin embargo, la educación se ha ido deteriorando de forma tan progresiva como escandalosa desde que los socialistas llegaron al poder en 1982, porque lo que primó fue la ideología y no otra cosa. El deterioro se ha agudizado todavía más en la etapa Zapatero hasta el punto de que muchas personas que llegan a la universidad apenas saben hacer la ‘o’ con un canuto, todo por primar la ideología frente a lo que debe ser realmente un sistema educativo. Aquellos padres conscientes de la realidad de la educación pública han hecho todos los esfuerzos posibles por llevar a sus hijos a colegios privados, cuyos resultados educativos, por término medio, son mejores que los de los centros públicos. De esta forma, lo que se está consiguiendo es crear una nueva desigualdad de clases entre quienes se pueden permitir pagar por la enseñanza privada y aquellos que no disponen de los recursos necesarios para ellos. Y, por supuesto, la economía española y su capacidad para generar empleo y bienestar se resienten, y mucho, por ello.

¿Qué dicen los sindicatos al respecto? A estos colectivos que tanto dice preocuparles la igualdad social esta situación debería preocuparles, y mucho. Sin embargo, ninguno alzó la voz cuando los socialistas perpetraron el asalto al sistema educativo español para ideologizarlo porque como lo hacían los suyos, y para difundir su ideología, no había nada que decir o hacer al respecto. ¿Qué hacen ahora que se les pide a los profesores que den dos horas más de pizarra a la semana, pagadas aparte pese a que lo que pide la Comunidad de Madrid entra dentro de la ley? Protestar todo lo que pueden, porque lo que les importa no es el saneamiento presupuestario ni la calidad de la educación. Lo que les importa es desgastar a Esperanza Aguirre y, a través de ella, al PP porque lo que les guía es la ideología y la política del no pasarán. Cuanto ganaríamos si aprendieran algo de sus homólogos irlandeses.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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