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Emilio J. González

El estado de la Bolsa

Emilio J. González
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¿Cuál es el estado de la Bolsa, ahora que todo apunta a que la guerra contra Irak se va a prolongar más de lo deseable y lo previsto? En un principio, cabría esperar un desplome de las cotizaciones. El mercado estaba descontando que el conflicto duraría en torno a un mes o mes y medio y sobre esa perspectiva los inversores tomaron posiciones. Por tanto, con el cambio de escenario y el retorno de la incertidumbre lo lógico hubiera sido la recogida masiva de beneficios con el consiguiente desplome de los precios de las acciones. Sin embargo, los índices bursátiles están aguantando bien. El dinero que ha entrado en el parquet no ha vuelto a buscar el refugio del oro y la deuda sino que sigue en su mayor parte en la renta fija. ¿Qué hay detrás de este comportamiento? ¿Qué cabe esperar en las próximas semanas?

La primera cosa que explica el comportamiento de los mercados es el hecho de que los pronósticos catastrofistas previos a la guerra están lejos de cumplirse. Ni el petróleo se ha disparado por encima de los cuarenta dólares por barril, ni la propia Bolsa se ha hundido, ni, por tanto, las nefastas consecuencias económicas que muchos vaticinaban como consecuencia de la guerra parece que van a tener lugar. El mercado, en consecuencia, se ha adaptado a un escenario menos pesimista que hace dos o tres semanas. Pero, además de las razones geopolíticas, hay causas económicas que respaldan el actual comportamiento de los mercados. Quizá la más importante de ellas es la evolución de los resultados empresariales. En este sentido, empiezan a aparecer datos que hablan del final de los ajustes en las empresas y de la consiguiente mejora de los beneficios. El más significativo de todos ellos probablemente es el de la evolución de la recaudación por el impuesto sobre los beneficios en Estados Unidos, que en el cuarto trimestre de 2002 se incrementó el 4,1% interanual, frente a un crecimiento del 3,2 en el tercer trimestre y un aumento del 2,1% un año antes. La lectura de estos porcentajes es inmediata: los beneficios crecen, lo que cimenta la formación de un suelo bursátil en torno a los niveles actuales en los que se mueven los índices bursátiles.

¿Y ahora? El escenario más probable es que la Bolsa –que está reaccionando muy bien ante cualquier buena noticia, tanto económica como sobre la guerra, y concede menos importancia a las malas– suba de la mano de los progresos de EEUU en Irak y sólo corra peligro si hay cualquier revés inesperado que lleve a pensar en un conflicto largo, duradero y costoso en términos materiales y de vidas humanas. Hasta que lleguen esas noticias, el mercado probablemente alternará subidas y bajadas de escasas cuantía y poco volumen de negocio, a la espera del fin de las hostilidades y con las posiciones tomadas para aprovechar el despegue económico que apuntan los indicadores. Un despegue, por otra parte, que la Bolsa anticipa en unos seis meses excepto en ocasiones como la actual, en la que las incertidumbres en torno a Irak han impedido ese descuento. Eso justifica las previsiones que realizan ahora muchos analistas en el sentido de que el final de la guerra, o la constatación de que la suerte está definitivamente echada, puede llevar a las Bolsas a ganar entre el 15% y el 30% en dos o tres semanas.

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