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Emilio J. González

El euro nos salva

Hoy, afortunadamente, España está en el euro, gracias a lo cual nos vemos libres del peligro de devaluaciones forzadas por el deterioro galopante de nuestra balanza de pagos. La moneda única, de esta forma, actúa como un cinturón sanitario.

Emilio J. González
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Con 60.000 millones de euros, y subiendo, España tiene el segundo déficit comercial más elevado de entre todos los países industrializados. De seguir así las cosas, en breve acabaremos por superar a Estados Unidos, que ya está recortando su desequilibrio exterior. Los datos son más que preocupantes sobre todo después de conocer que, pese a la fortaleza del euro, el agujero comercial creció un 21% hasta junio.

En otros tiempos, estas cifras hubieran significado una crisis sin paliativos. El Banco de España hubiera tenido que subir los tipos de interés para defender la peseta y evitar que España importara inflación y, al final, lo más probable es que nuestra moneda hubiera acabado por sucumbir a una o varias devaluaciones. Esto hubiera supuesto un incremento de los precios internos a través de las importaciones, sobre todo del petróleo y sus derivados, forzando subidas de tipos para frenar la inflación. Es decir, en circunstancias como las actuales en materia de déficit comercial, nuestro país se encontraría, posiblemente, a las puertas de una nueva crisis económica, mientras la Bolsa, lejos de estar cerca de los máximos históricos, cotizaría abiertamente a la baja tanto por el temor a la devaluación como por el miedo de los mercados al encarecimiento del precio del dinero. Y todo ello siempre significaba paro, mucho paro.

Hoy, afortunadamente, España está en el euro, gracias a lo cual nos vemos libres del peligro de devaluaciones forzadas por el deterioro galopante de nuestra balanza de pagos. La moneda única, de esta forma, actúa como un cinturón sanitario que, por ahora, nos libra de los males tradicionales en el pasado de la economía española. Pero que el euro nos proteja de esta forma no quiere decir que todo esté bien ni que el déficit comercial no importe. Todo lo contrario. Estamos en unos momentos de revisión a la baja de las previsiones económicas como consecuencia de las subidas de los tipos de interés llevadas a cabo por el Banco Central Europeo y de la crisis de las hipotecas de alto riesgo desencadenada en Estados Unidos. Y esto ocurre en unos momentos en los que el Gobierno contaba con un impulso del sector exterior para compensar, al menos de forma parcial, la pérdida de fuelle de la demanda interna. Sin embargo, si el agujero comercial sigue ampliándose, al final, ese impulso no solo desaparecerá, sino que el sector exterior echará más leña al fuego de la desaceleración económica que ya empieza a perfilarse.

El euro, por tanto, sólo nos salva en parte. Evita que los golpes que antes padecía la economía española en forma de devaluaciones y sus consecuencias ahora no se repitan, pero esto no es más que aplazar el verdadero impacto de la crisis exterior. Un déficit comercial como el actual obliga a ajustes para que no perjudique al crecimiento y al empleo. Esos ajustes tenían que haberse llevado a cabo a lo largo de la legislatura. Sin embargo, a pesar de los mensajes constantes del Ejecutivo en el sentido de buscar políticas que promuevan la competitividad de la economía española, no se ha hecho nada. Así es que lo que no está viviendo la economía española en forma de devaluaciones va a padecerlo en forma de pérdida paulatina de competitividad, que es lo mismo que decir menor crecimiento económico y menor capacidad para generar empleo. O sea, lo de siempre, sólo que más suavizado a corto plazo gracias al euro pero más grave a medio plazo ya que de esa situación no se saldrá con una devaluación, como en el pasado, sino con esas reformas estructurales aplazadas por el Gobierno que, cuanto más tarden en llegar, más dolorosas van a resultar.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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