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Emilio J. González

El filo de la navaja

¿Qué va a dar de sí, entonces, la reunión? Pues nada de nada. Todo quedará en un mero ejercicio de marketing de cara a una galería cada vez más despoblada mientras el presidente vuelve a demostrar que la economía española está en manos de un irresponsable

Emilio J. González
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El presidente del Gobierno ha convocado una reunión este sábado con las treinta mayores empresas y entidades crediticias de nuestro país. Evidentemente, la cita es la respuesta que Zapatero quiere dar al informe sobre las reformas que necesita España que algunos grandes empresarios presentaron recientemente al Rey. Pero mucho me temo que el encuentro no sea más que una nueva estrategia de cara a la galería, como es habitual con ZP, para tratar de dar la impresión de que las críticas que le dirigen desde el ámbito empresarial y las peticiones que realiza carecen de justificación. Con la economía al borde del abismo, el actual inquilino de La Moncloa, por tanto, sigue sin reaccionar y todo lo fía a su estrategia permanente de marear la perdiz y no hacer nada, como si con la que nos está cayendo en los mercados eso todavía sirviera tan siquiera para ganar tiempo.

Zapatero, de entrada, establece que el objetivo del encuentro será movilizar la economía y la inversión españolas mediante la apertura de nuevos mercados y la consecución de pedidos en el exterior a través del Gobierno. Y esto lo plantea un presidente que se ha caracterizado en todos los años que lleva en el poder por dar la espalda a los intereses económicos españoles en el exterior y dejar vendidas, en todo momento, a nuestras empresas, guardando silencio cuando tipos como Chávez, Morales o Corredor han abusado y abusan de las compañías con pasaporte español que operan en Venezuela, Bolivia o Ecuador. Este es el presidente que ahora pretende abrir o ampliar mercados para ellas, cuando siempre ha renegado de que la diplomacia española tenga que defender los intereses económicos de nuestro país. Además, para poder lograrlo hace falta prestigio internacional, que es algo de lo que Zapatero está huérfano a todas luces.

Lo que le preocupa a las empresas, sin embargo, es algo muy distinto. Actualmente, nuestras multinacionales, pese a ser compañías globales para cuya cuenta de resultados España no es más que una región –lo mismo que para las multinacionales que operan en nuestro territorio–, los mercados financieros se han cerrado porque las consideran cien por cien españolas y, por tanto, afectadas por los mismos problemas que están provocando el nuevo castigo de los mercados. Esa es una de sus principales inquietudes, pero ¿qué les puede decir un Zapatero sin credibilidad alguna e incapaz de tomar una sola decisión? Porque lo que tiene que hacer el Gobierno es anunciar este mismo viernes un amplio tijeretazo al gasto público, concretado por ministerios, programas y administraciones, autonomías y ayuntamientos incluidos; cuantificado en cifras y con entrada en vigor este mismo fin de semana, con el objeto de empezar de verdad a enviar a los mercados mensajes de calma y de seriedad. ¿Lo va a hacer? Ni lo sueñen.

Con lo de la reforma laboral ocurre tres cuartos de lo mismo. Las empresas piden a gritos, sobre todo las pymes, tanto el abaratamiento del despido como la reforma de la negociación colectiva, con el fin de crear las condiciones necesarias para que pueda volver a generarse empleo y, de esta forma, reducir el paro, estimular el crecimiento y recortar el abultado déficit público por la vía de los ingresos. Sin embargo, conviene recordar en este punto que, en las pasadas negociaciones sobre la reforma laboral, el Gobierno trazó sendas líneas rojas en lo relativo a esas demandas y se negó a actuar en consecuencia influido por esos sindicatos cuya reforma también piden los empresarios. Dudo mucho de que el Ejecutivo vaya a cambiar ahora de postura justo cuando trata de recomponer sus relaciones con UGT y CCOO y menos aún con unas elecciones municipales y autonómicas a la vuelta de la esquina. El mismo argumento es válido para la reforma de las pensiones.

¿Y la reforma del sistema electoral para que en España puedan surgir mayorías parlamentarias que no tengan que depender de los nacionalistas, con todo lo que ello implica? Pues teniendo en cuenta que Zapatero se mantiene en el poder gracias al PNV y a Coalición Canaria y que pretende acercarse a CiU para aislar al PP, aquí tampoco va a hacer nada, porque lo que Zapatero tiene claro es que va a hacer todo lo posible por seguir en la poltrona presidencial hasta el final de la legislatura, le cueste lo que le cueste. Acceder a esa petición supondría muy probablemente la caída inmediata de su Gobierno, provocada por quienes hoy le sostienen, y eso ZP jamás lo va a permitir. Como tampoco va a permitir un sistema de listas abiertas en el que cada diputado tenga de verdad que dar cuenta de su gestión ante los electores de su circunscripción porque entonces serían los propios socialistas los que inmolarían a Zapatero para tratar de salvarse ellos in extremis.

¿Qué va a dar de sí, entonces, la reunión? Pues nada de nada. Todo quedará en un mero ejercicio de marketing de cara a una galería cada vez más despoblada mientras el presidente vuelve a demostrar a los mercados que la economía española está en manos de un irresponsable y un incapaz, político y psicológico, que, ante la que está cayendo en los mercados prefiere seguir caminando por el filo de la navaja.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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