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Emilio J. González

El Gobierno se queda sin crédito

A quien se juega su dinero, como empresario o como inversor, hay que decirle siempre la verdad. Cuando esta se oculta, surge la desconfianza y la inversión se repliega

Emilio J. González
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El reconocimiento que ha hecho Solbes de la verdadera realidad de la economía española, ahora que ya han pasado las elecciones, pone en entredicho la capacidad del Gobierno de Zapatero para resolver los problemas económicos del país. De entrada, lo primero que necesita cualquier política económica para ser efectiva es gozar de credibilidad. Ésta viene dada en parte por la naturaleza de las medidas que se adopten, en parte por la capacidad del Ejecutivo para ejecutarlas y mantenerlas a lo largo del tiempo y en parte también por la propia confianza que merezca el poder a los distintos agentes económicos y a los inversores.

¿Qué credibilidad tiene el próximo Gobierno de Zapatero? La prensa internacional viene demostrando desde hace tiempo su desconfianza hacia la capacidad del vencedor en las urnas el pasado domingo para enderezar las cosas. Ahora que se acaba de saber que el Gobierno sabe de verdad cómo están las cosas y lo ha ocultado oficialmente hasta ahora, con el fin de no perder votos, esa credibilidad se ha deteriorado un poco más. A quien se juega su dinero, como empresario o como inversor, hay que decirle siempre la verdad. Cuando esta se oculta, surge la desconfianza y la inversión se repliega, justo lo contrario de lo que necesita en estos momentos nuestro país.

Conociendo cómo estaban las cosas, Zapatero se embarcó en los últimos meses en una estrategia de promesas y más promesas de gasto público destinada a captar ese voto de la extrema izquierda que le permite seguir en el poder por una legislatura más. Esas promesas, junto al crecimiento del paro, van a disparar los pagos del Estado por encima de lo previsto por Solbes en esos presupuestos para 2008 que ya nadie se los creía cuando los presentó, mientras que la intensidad de la desaceleración económica, muy superior a la que estimó Solbes cuando presentó los presupuestos, va a provocar un crecimiento de los ingresos probablemente bastante inferior al previsto. En consecuencia, y con este telón de fondo, si Zapatero desmiente aquello que dijo Enrique Tierno Galván de que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas y, efectivamente, actúa conforme a los compromisos que él mismo ha establecido en los últimos meses, España puede estar condenada a volver al déficit público.

A muchos votantes de Zapatero probablemente esto no les importará porque piensan que el desequilibrio en las cuentas del Estado no tiene efectos económicos. Nada más lejos de la verdad. Ese déficit tiene que financiarse con unos recursos que, hoy por hoy, son escasos, en parte por la desaceleración económica internacional, en parte por la crisis crediticia. Así es que todo lo que utilice el Estado para financiar sus políticas se detraerá de la inversión empresarial y el consumo de los hogares, agudizando la crisis y metiendo a la economía española en ese círculo vicioso que tan caro costó en términos de empleo a principios de los noventa.

Por supuesto, Zapatero siempre puede olvidarse de sus promesas electorales, al menos durante algún tiempo, con el fin de no deteriorar aún más las cosas. Pero si de verdad tuviera intención de hacerlo, Solbes no sólo habría reconocido la realidad sino que, además, hubiera empezado a hablar de un plan de choque para superar la crisis ya que, a fin de cuentas, sabe perfectamente cómo está la situación desde principios del año pasado y ha tenido tiempo más que de sobra para preparar ese plan. Sin embargo, el vicepresidente económico por ahora no ha dicho ni una sola palabra al respecto ni ha utilizado el peso de su cargo para condicionar el contenido económico de los acuerdos a los que pueda llegar Zapatero para ser investido nuevamente como presidente. Parece, por el contrario, como si estuviera a la espera de conocer quién va a votar a favor del candidato socialista, quién se va a abstener y quién va a votar en contra para actuar en consecuencia en política económica. Porque no es lo mismo que Zapatero tenga el respaldo de CiU, que siempre ha sido sensata en este terreno, que el de una extrema izquierda siempre pidiendo que el Estado gaste lo que tiene y lo que no tiene.

Solbes, por tanto, puede estar dejando pasar una ocasión de oro para que el Gobierno recupere parte del crédito perdido en materia económica. Precisamente, y dadas las circunstancias actuales, ya tendría que estar hablando de cómo se va a afrontar la crisis, ya que el vicepresidente económico no acaba de llegar al Ministerio y sabe perfectamente lo que hay y lo que no hay. Pero, al no hacerlo, está contribuyendo a dejar al Ejecutivo tan seco de crédito como lo están hoy por hoy las entidades financieras occidentales. Lo malo para Zapatero y los suyos es que aquí no hay una Reserva Federal ni un Banco Central Europeo que pueda ayudarles.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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