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El gran error

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El pasado viernes, el principal diario económico argentino, Ámbito Financiero, conmocionó al país al adelantar lo que luego se ha transformado en una realidad, esto es, el contenido del decreto de urgencia y necesidad que entró en vigor el lunes, por el cual se limita legalmente la cantidad de dinero en efectivo que los ciudadanos pueden retirar de sus cuentas bancarias. Al conocerse la noticia, los argentinos se lanzaron en masa a sacar el dinero de sus cuentas, ante la que se les venía encima. Hoy pueden seguir haciéndolo, pero no con la libertad de la semana pasada.

Esa decisión constituye, posiblemente, el peor error que ha podido cometer el Ejecutivo de De la Rua en la gestión que está realizando de la crisis económica argentina. Y es un gran error porque esa medida constituye, ni más ni menos, que una invitación abierta a la desconfianza en la economía del país, que no en la solvencia de su sistema bancario. Ese es el problema porque, con su decisión, el Gobierno lo que ha creado han sido nuevos incentivos para que el dinero no entre nunca en los bancos, como si ya no tuviera bastantes con las medidas de control aprobadas en marzo con el plan Cavallo. Y eso es un serio problema para la economía argentina, porque la banca lo que hace con esos ahorros es financiar una economía maltrecha y extremadamente necesitada de recursos. Si ahora el sistema financiero no puede contar con ellos porque los ciudadanos simplemente evitan los bancos en la medida en que puedan hacerlo, no habrá dinero para las empresas y, además, subirán todavía más si cabe los tipos de interés. Es decir, el ingrediente que faltaba para terminar de hundir definitivamente a la economía argentina.

Lo malo de todo esto, por otra parte, no es que el dinero saliera de las cuentas bancarias para marcharse al extranjero, en busca de refugios más seguros. Lo malo es que ese dinero que los argentinos sacaban de sus cuentas era para guardarlo en el colchón porque no dan ni un duro por el futuro económico de su país, al menos a corto plazo. O sea, que no se creen que Argentina pueda aguantar mucho más tiempo sin devaluar.

Lo peor de todo, sin embargo, ha sido la respuesta del Gobierno. El ministro de Economía, Domingo Cavallo, se hartó el fin de semana de llamar “buitres” a quienes dentro y fuera del país están convencidos de que la devaluación es inevitable. Y el presidente De la Rua, en un discurso que recordaba a los mejores tiempos de Perón, habló de ataques contra Argentina y su moneda y justificó sus medidas con el argumento de que eran necesarias para proteger a los más desfavorecidos. O sea, demagogia barata que no oculta la desesperación del Ejecutivo ante una situación que se les ha ido por completo de las manos. Ahora sólo falta por saber cuánto dura la cuenta atrás para la devaluación... y eso si no viene acompañada de la declaración de la suspensión de pagos.

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