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Emilio J. González

El socialismo antisocial de Zapatero

Zapatero tiene bien claro que quiere ser un izquierdista en el sentido más ortodoxo del término y cuando hace una declaración como la del domingo hay que entender que va a sacarla adelante cueste lo que cueste

Emilio J. González
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En circunstancias normales, el anuncio que acaba de realizar el presidente del Gobierno de incrementar el salario mínimo interprofesional (SMI) hasta los 800 euros en la próxima legislatura habría que interpretarlo estrictamente en términos electoralistas. Las encuestas no pintan bien para el PSOE, quien desde el final del verano viene utilizando la política social con el fin de allegar hacia el partido votos que, hoy por hoy, se le escapan. Así nació, por ejemplo, el "cheque baby", y en esta misma línea se entronca la última propuesta de Zapatero. Con él, por desgracia, aquello que dijo Tierno Galván de que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas no sirve. Zapatero tiene bien claro que quiere ser un izquierdista en el sentido más ortodoxo del término y cuando hace una declaración como la del domingo hay que entender que va a sacarla adelante cueste lo que cueste.

El problema de esta forma de actuar es que al pretender ser tan social y tan protector de los que menos tienen, lo que va a conseguir Zapatero es ir precisamente en su contra, como un Robin Hood miope que roba a los pobres para dárselo a los ricos. No cabe duda que todos queremos que los salarios más bajos sean superiores y permitan a quienes los perciben disfrutar de mejores condiciones de vida. Pero eso sólo se consigue a base de reformas estructurales que mantengan baja la inflación y generen crecimiento económico y empleo, y de inversiones que mejoren la productividad de las empresas y, por tanto, de los trabajadores; para permitir mayores aumentos salariales sin crear problemas de competitividad. Todo lo demás va en contra del empleo y de las oportunidades laborales de quienes verdaderamente las necesitan.

Una subida del salario mínimo como la que propone Zapatero tendría, cuando menos, dos efectos sobre el mercado laboral español. El primero de ellos sería cerrar las puertas del mismo a los más jóvenes quienes, en razón de su formación y falta de experiencia, se incorporan a un puesto de trabajo con bajas retribuciones que mejoran a lo largo del tiempo. Esas retribuciones están ligadas al SMI y si éste se incrementar ahora como quiere Zapatero, las empresas dejarán de contratar jóvenes. En segundo término están los inmigrantes. En España hay cuatro millones de extranjeros trabajando gracias, en buena medida, a los costes salariales más bajos. Si éstos se incrementan ahora, vía SMI, muchos inmigrantes tendrán que sufrir las consecuencias, bien en forma de pérdida del empleo, bien teniendo que pasar a la economía sumergida para que las empresas puedan seguir contratándolos, lo que va en contra tanto de sus derechos como personas como de los ingresos que perciben las arcas públicas por su trabajo.

El éxito económico español de estos diez últimos años se ha fundamentando, en gran medida, en una política de relaciones laborales flexibles, gracias a la cual se han creado más de cinco millones de empleos. Esa flexibilidad se puede quebrar si el SMI sube como quiere Zapatero, quien, por pretender ser tan social, esta convirtiéndose con sus medidas y propuestas en lo más antisocial para la economía y los trabajadores españoles.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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