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Emilio J. González

Elegancia rentable

Emilio J. González
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En la vida hay que actuar siempre con elegancia, incluso, y especialmente, cuando hay que tomar decisiones difíciles. En contra de lo que muchos piensan, las buenas maneras a la hora de ejecutar decisiones drásticas son muy rentables. No hay más que ver el expediente de regulación de empleo (ERE) presentado por Telefónica para comprenderlo.

La operadora que preside César Alierta va a prescindir de quince mil personas en Telefónica España, el 37% de la plantilla de esta compañía, en un plazo de cinco años. Semejante cantidad de despidos provocaría las iras de los sindicatos. Sin embargo, en este caso, todo se está haciendo con buenas formas lo que está evitando incidentes.

El ajuste, que forma parte de la profunda reestructuración de Telefónica que está llevando a cabo Alierta con el fin de garantizar la rentabilidad y la competitividad de la operadora en el futuro, es una medida necesaria para la supervivencia a medio plazo de Telefónica España, de quien depende el negocio de telefonía fija. Este negocio ha venido a menos debido al vigor con que ha penetrado el teléfono móvil en nuestro país. Si a ello se añade una regulación ineficiente y la caída de tarifas que ha tenido lugar como consecuencia de la liberalización de este mercado, se entiende que los ingresos en esta rama crezcan tan sólo a un ritmo del 2-3% anual. Esta realidad obliga a la empresa a recortar drásticamente sus gastos si quiere seguir siendo rentable en el futuro –la alternativa son pérdidas cuantiosas– y ha elegido la vía de la reducción de plantilla porque los gastos de personal suponen el 80% de sus costes totales y porque los avances tecnológicos han reducido drásticamente sus necesidades laborales.

Este planteamiento está tan cargado de lógica que nadie, ni siquiera los sindicatos, discuten la necesidad de ejecutar el ERE. Pero una cosa es esto y otra muy distinta cómo se hagan las cosas. El antecesor de Alierta, Juan Villalonga, aprobó unas stock options con las que ganó miles de millones de pesetas y, nada más aprobarlas, puso en la calle a diecisiete mil trabajadores de Telefónica, de malas maneras, mientras él se llenaba los bolsillos. Alierta, en cambio, ha optado por otra vía, la de las bajas incentivadas para todos aquellos que tengan entre 50 y 53 años o que vayan alcanzando esa edad desde ahora hasta 2007, año en el que está previsto que finalice la reconversión de plantilla. La actitud de Villalonga provocó muchas iras y malestar social que acabaron por costarle mucho a la compañía, aunque sólo fuera en términos de imagen; las de Alierta están permitiendo llevar a cabo una reestructuración drástica y dramática sin conflictos, por mucho que algunos accionistas minoritarios puedan pensar lo contrario. Pero estas personas olvidan que Terra es una empresa abocada a la quiebra, que su salvación no puede hacerse a costa de los intereses de los accionistas de Telefónica, que la mayoría de ellos tuvieron la oportunidad de vender sus ‘terras’ con plusvalías de ensueño y que Telefónica siempre podría haber optado por dejar morir su filial de Internet en lugar de gastarse dinero en una OPA.

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