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Emilio J. González

En defensa de la libertad

Decir que la entrada de E.On en el juego de las OPAs sobre Endesa es una operación contra Cataluña no es más que buscar una justificación fácil y demagógica donde no la hay.

Emilio J. González
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El presidente de la Generalitat, José Montilla, acaba de declarar que la OPA de E.On sobre Endesa es una operación contra Cataluña porque impide a Gas Natural hacerse con la eléctrica que preside Manuel Pizarro. Las palabras del ex ministro de Industria, de entrada, ya aportan una pista clara sobre lo que puede suceder en breve: si los accionistas de la eléctrica están de acuerdo, ésta pasará a manos alemanas, y ni el Gobierno, ni Gas Natural, ni una Acciona dispuesta a vender podrán impedirlo. Pero vayamos al fondo de las palabras del presidente catalán.

Lo primero que hay que recordar es que el título octavo del Pacto del Tinell, por el que se pretende avanzar hacia la independencia de Cataluña, recoge expresamente que haya una empresa eléctrica en la región. No hay nada que decir ante la pretensión de que la Generalitat pretenda que haya una eléctrica catalana, pero sí ante la forma en que ha pretendido conseguirlo. Aquí no se ha tratado de crear una eléctrica, sino de que Gas Natural se hiciera con una sin apenas poner dinero encima de la mesa. Recordemos que la oferta de la gasista fue de 21,4 euros por acción, de los cuales el 35% los pagaría en metálico y el resto en acciones. Ese 35% suponía un importe de 7.800 millones de euros, curiosamente la misma cantidad de dinero por la que acordó vender a Iberdrola activos de Endesa. En consecuencia, si Gas Natural no ha conseguido quedarse con Endesa no ha sido culpa de nadie excepto de la propia compañía, que ha sido incapaz de poner más dinero encima de la mesa, incluso cuando desde Moncloa se le dijo que ellos ya estaban haciendo todo lo que podían en favor de la gasista y que ahora les tocaba a ellos rascarse el bolsillo. Gas Natural no quiso hacerlo, sino que pretendió quedarse con Endesa ofreciendo una cantidad ridícula de dinero, más acciones, con el argumento de que ellos podían gestionarla mejor, cuando luego quedó claro que hubo quien estuvo dispuesto a hacerse con la eléctrica a 35 euros por acción. Esto no es una operación contra Cataluña, sino lógica de mercado.

Montilla, además, olvida deliberadamente que el Gobierno quiso entregar a Cataluña algo que no era suyo, esto es, Endesa, que pertenece a sus accionistas. Para ello hizo intervenir a la CNMV y a la Comisión Nacional de la Energía a favor de las pretensiones de Gas Natural, impidiendo a la dirección de empresa defenderse de la OPA. Y cuando llegaron los alemanes, amplió las competencias de la CNE para tratar de impedirles que adquiriesen Endesa, en contra de la normativa comunitaria. Por eso la Comisión Europea está expedientando a España y va a llevarla ante el Tribunal Europeo de Justicia.

En este contexto, es lógico que la directiva de la empresa hiciera todo lo posible para defender a la compañía, así como a los intereses de los accionistas, recurriendo a E.On en busca de ayuda. No olvidemos que la propia normativa de OPAs faculta al consejo de administración de Endesa a buscar una oferta mejor que la de Gas Natural, en interés de los accionistas. Pizarro y su equipo lo hicieron, pero eso no es ir contra Cataluña, sino defender los intereses de los dueños de una empresa y pararle los pies a un Gobierno que no tiene el menor derecho a decir y decidir si Endesa es catalana, vasca, castellana, andaluza o, simplemente, española.

Montilla también se ha referido a que determinadas personas no han querido perder su influencia sobre Endesa. Esa influencia, sin embargo, es problema de la compañía y sus accionistas, no del presidente de la Generalitat. Pero, claro, aquí seguimos en el juego de que las empresas privadas tienen que estar controladas por el Gobierno y sus directivos tienen que ser personas afines al Ejecutivo. Recordemos que, unos días antes de las elecciones, Zapatero reclamó la dimisión al día siguiente de su victoria a los presidentes de las empresas privatizadas nombrados por el PP. El problema es que esas compañías ahora son privadas y la decisión de mantener o cambiar a sus directivos le corresponde a los accionistas si piensan que, de esta forma, sus intereses van a estar mejor protegidos. Montilla y Zapatero se olvidaron de ello y siguieron pensando en una democracia y una economía de mercado el Gobierno puede hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera. El asunto de Endesa acaba de recordarle que no es así.

Ante esto, decir que la entrada de E.On en el juego de las OPAs sobre Endesa es una operación contra Cataluña no es más que buscar una justificación fácil y demagógica donde no la hay. Es triste que la primera eléctrica española pueda terminar en manos de capital alemán, pero esto es el resultado tanto de los intentos desde el Gobierno y desde la Generalitat de vulnerar las libertades básicas de un país y las reglas de juego de una economía de mercado, como de la defensa de esas libertades y esas reglas que han hecho otros.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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