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Emilio J. González

En el calcetín

Emilio J. González
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Hoy por hoy, con la posible guerra contra Irak en puertas, nadie en los mercados financieros quiere correr riesgos, sobre todo cuando aún no han empezado a cicatrizar las heridas dejadas por la burbuja de las tecnológicas y los escándalos contables. Por ello, las últimas jornadas bursátiles han venido caracterizadas por un volumen de negocio tan bajo que, si no fuera por el frío de estos días, se podría pensar que estamos en agosto en vez de en febrero. Pero lo cierto es que en el parqué no hay dinero; éste se ha refugiado en el improductivo pero seguro calcetín, con independencia de que se trate de los inversores institucionales o de los particulares.

La última encuesta de gestores de fondos de Merrill Lynch, realizada a mediados de febrero, es muy clara en este sentido. El porcentaje de inversores institucionales –fondos de inversión, planes y fondos de pensiones, compañías de seguros, bancos de negocios, casas de bolsa...– que han optado por estrategias conservadoras ha subido del 25% al 34%, pero más importante aún es que se ha producido un aumento drástico de los depósitos en efectivo, todo ello con un telón de fondo en el que son ya mayoría los gestores que consideran que la bolsa está infravalorada, pero también lo son los que tienen aversión al riesgo.

Este comportamiento también se repite entre los pequeños inversores quienes, como se dice en bolsa, ya han claudicado, esto es, ya han vendido todo lo que tenían o lo que podían y son mayoritariamente bajistas –casi el 60%– según la última encuesta semanal de Investor’s Intelligence. Los particulares, como es lógico, actúan de manera racional y preservan los restos que les han quedado después de tres años de crisis bursátil.

No obstante, estas noticias no son malas, sino todo lo contrario siempre y cuando la guerra contra Irak sea corta o no se llegue a producir. Todo ese dinero que está en el calcetín no se ha ido a otra parte y volverá al parqué en cuanto el elevado grado actual de riesgo disminuya a niveles más normales –en bolsa nunca hay ausencia total de riesgo. En consecuencia, el caldo de cultivo para una recuperación del mercado de valores está prácticamente listo. Sólo le falta un ingrediente: la claudicación de los inversores institucionales, si bien no es necesaria si los índices de las principales bolsas del mundo siguen más o menos en los niveles en los que se encuentran actualmente.

En este sentido, conviene tener presente dos cosas. Por un lado, que son mayoría los inversores institucionales que consideran que el mercado de valores está infravalorado. Por otro, que el modelo de la Reserva Federal estadounidense dice que Wall Street está infravalorada ni más ni menos que un 40%. Ese mismo modelo advertía en 1999 que el mercado estaba sobrevalorado y, en 2000, que el grado de sobrevaloración era del 60%, lo que llevó al presidente de la Fed, Alan Greenspan, a lanzar sus advertencias contra la “exuberancia irracional de los mercados”. Poco después, en marzo de 2001, estallaba la burbuja de las tecnológicas y se iniciaba una crisis que ha provocado en el mercado norteamericano una pérdida de más del 60%. Y lo que pasa en la bolsa de Nueva York tiene un reflejo casi mimético en los parqués europeos, tanto para bien como para mal. Tomen nota porque si el conflicto de Irak no lo impide, este puede ser un año de euforia en los mercados, a pesar de los comienzos que ha tenido.

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