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Emilio J. González

Ence, una difícil solución

Emilio J. González
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Después de completar la salida a Bolsa de Iberia, el Gobierno se ha embarcado en completar la privatización de Ence (Empresa Nacional de Celulosas) con el traspaso al sector privado del 51% del capital de la compañía en manos de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales). El Ejecutivo quiere realizar la privatización en dos fases: en la primera se crearía un núcleo duro formado por uno de los tres grupos que optan a él. En la segunda, habría una OPV dirigida exclusivamente a los inversores institucionales. Y la formación del núcleo duro ha dado lugar a una especie de batalla soterrada de difícil solución.

Uno de los tres candidatos que optan a formar parte de él es Portucel, que actualmente posee el 5,2% del capital de la empresa que preside Juan Ignacio Barrero, pero que cuenta con un gran inconveniente: Portucel tiene en su capital al Estado luso. Y el Gobierno español está dispuesto a aplicar en este caso el mismo principio que en Hidrocantábrico respecto a EnBW, controlada por la empresa pública francesa EdF, y EdP, la eléctrica estatal portuguesa.

Quedan, por tanto, dos contendientes con posibilidades. Uno de ellos es el conformado por Sonae, Foresgal (la asociación forestal gallega), Silvanus y el Banco Pastor. Este consorcio cuenta con el apoyo explícito del presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, quien presiona una y otra vez al Gobierno central para que el núcleo duro lo forme la agrupación que incluye a la asociación gallega. Pero una decisión así, en una empresa que cotiza en Bolsa, no puede tomarse según criterios políticos sino conforme a aquellos principios que garanticen el futuro de la empresa y la protección de los intereses de los accionistas.

Eso nos lleva al tercero en lid, el grupo formado por Caixa Galicia, Banco Zaragozano y Bankinter. Inicialmente, no hay ningún problema formal con este trío, puesto que no incluye empresa pública alguna ni hay presiones políticas para que se lleve el gato al agua. Pero al tratarse de tres entidades financieras, hay dudas razonables de que su interés en toda la operación no sea más que el de, transcurrido un tiempo, obtener unas plusvalías y después marcharse. Es la práctica habitual del Grupo Santander Central Hispano, del que Bankinter forma parte.

La Sepi, por tanto, se encuentra ante una difícil elección cuya solución, probablemente, puede exigir un encaje de bolillos.

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