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Emilio J. González

Endesa como moneda de cambio

Hay orgullo, y mucho, de un Zapatero empeñado en demostrar que a él nadie le impone nada y que nadie va a hacer nada en contra de su voluntad

Emilio J. González
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El presidente del Gobierno debe dar muchas explicaciones acerca de la entrada de Enel en la batalla por Endesa, porque las consecuencias pueden ser muy importantes, en muchos sentidos. Todo apunta a que se trata de una combinación de orgullo, revanchismo político y satisfacción, una vez más —cuántas van ya— de intereses catalanes.
 
Enel acaba de adquirir el 9,9% del capital de Endesa a un precio de 39 euros por acción y su intención es llegar hasta el 25%. De entrada, nadie paga semejante precio habiendo de por medio una OPA a 38,7 euros, que ya sobrevalora Endesa, si no espera obtener algo a cambio. Por tanto, es muy difícil pensar que la eléctrica italiana haya desembarcado en España sólo para ayudar al Gobierno a frenar a los alemanes y a que Acciona pueda ser el eje vertebrador de un núcleo duro español en la compañía que preside Manuel Pizarro. Favores de semejante calado no se hacen así como así. Por consiguiente, si Enel ha entrado en Endesa es para mandar de alguna forma. Esta es la primera cuestión grave.
 
La italiana es una empresa pública que tiene como accionista de referencia al Gobierno de su país. Por consiguiente, si se hiciera con el control de Endesa, sería como volver a nacionalizar a la eléctrica española. En este sentido, llama la atención el doble rasero que aplica el Ejecutivo de Zapatero en esta cuestión. A E.On se le atacó porque tenía una presencia mínima del land de Baviera en su capital a través de Ruhrgas y se quiso utilizar dicho argumento para impedir que los germanos se quedaran con Endesa, sin éxito. Ahora que entra en acción una empresa verdaderamente pública, sin embargo, Zapatero y los suyos se olvidan de lo dicho. La presencia de un Gobierno como el transalpino en el capital de Enel, por lo visto, ya no tiene importancia. Ahora lo que importa es parar a los alemanes como sea. También ha dejado de importar que Endesa pueda terminar en manos extranjeras, ya sean alemanas, italianas o de cualquier otra nacionalidad. Lo que vale en estos momentos es que no sean esos alemanes que se atrevieron a desafiar a Zapatero, que ahora les responde de esta forma.
 
Para agravar más las cosas, la entrada de Enel en Endesa podría ser la moneda de cambio acordada en la reciente cumbre entre Zapatero y Prodi para desbloquear la fusión de la concesionaria Autostrade con la española Abertis, controlada por La Caixa y ACS, esta última con la saga bancaria mallorquina de los March como primer accionista. Es decir, el Gobierno, nuevamente para satisfacer los intereses catalanes, ha puesto en el disparadero a Endesa… a Endesa y a otras muchas cosas en la economía española, porque lo que está haciendo el Ejecutivo se acaba pagando, y caro.
 
Los que desde luego lo pueden pagar muy caro son los accionistas de Endesa, sobre todo los particulares, los ciudadanos de a pie, quienes, pudiendo obtener un más que excelente precio acudiendo a la OPA de Endesa ahora pueden encontrarse con un desplome de los títulos si E.On, finalmente, rechaza adquirir las acciones si no puede conseguir el control de la eléctrica española después de todas las maniobras que el Gobierno está llevando a cabo en su contra.
 
Que todo este asunto de Enel es altamente irregular lo confirma la posición al respecto mantenida por el vicepresidente económico, Pedro Solbes, quien, después de que el ministro de Industria, el catalán Joan Clos, dijera que E.On lo tenía muy difícil, afirmó que se debería dejar hacer al mercado. Y es que detrás de todo esto, al final, lo que hay son cosas que tienen poco que ver con el interés por el futuro de Endesa y por la economía española. Hay orgullo, y mucho, de un Zapatero empeñado en demostrar que a él nadie le impone nada y que nadie va a hacer nada en contra de su voluntad, una actitud muy grave por su parte tratándose, como se trata, de un enfrentamiento abierto con Alemania y con la Comisión Europea, rompiendo las buenas formas que deberían presidir las relaciones entre ambos países. Zapatero estaba muy irritado con el respaldo abierto de la canciller alemana, Angela Merkel, a E.On y ahora pretende devolvérsela de esta forma. Hay también revanchismo político, puesto que los socialistas, sobre todo los catalanes, consideran que la llegada de E.On tiene algo que ver con maniobras del PP para que Cataluña, o Gas Natural, no se quedaran con Endesa. Esto es lo que dijo el ex ministro de Industria y hoy presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla. Y, desde luego, habrá nuevamente satisfacción de los intereses particulares catalanes, a costa de los más generales del país, si la llegada de Enel es la contraprestación por el desbloqueo de la fusión entre Autostrade y Abertis.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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