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Emilio J. González

Endesa, Iberdrola y la caja de Pandora

¿Quién le pone el cascabel al gato? Si Zapatero ha permitido que Enel se quede con Acciona, ahora no puede impedir que EDF haga lo mismo con Iberdrola, ni la Unión Europea se lo va a permitir

Emilio J. González
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La sentencia del Tribunal Europeo de Justicia, que condena a España por las condiciones impuestas a la OPA de E.On sobre Endesa, confirma la peligrosa senda en la que ha entrado el sector energético español a causa de los intentos del Gobierno de Zapatero para impedir que la eléctrica alemana se quedara con la compañía española, primero para favorecer a Gas Natural y luego por considerar que detrás de la empresa que preside Wulf Bernotat no había más que una operación política contra Zapatero y su equipo, promovida desde las filas del PP y con la ayuda de la canciller alemana Ángela Merkel, con quien Zapatero nunca ha mantenido buenas relaciones.

Las acciones que llevó a cabo el Ejecutivo para impedir que E.On controlara Endesa han abierto la caja de Pandora en el sector energético español y ha puesto al mismo en peligro a causa de un intervencionismo contrario a la normativa comunitaria que, en su momento, denunció la Comisión Europea y ahora ratifica el Tribunal de Luxemburgo. Zapatero ha abierto la caja de Pandora porque sus acciones dieron lugar a que Endesa cayera finalmente en manos de una empresa pública, la italiana Enel, quien se ha hecho con la mayoría del capital de la compañía española. Con este precedente, ahora Iberdrola tiene muy difícil la defensa frente al intento declarado pero no formalizado por parte de la francesa EDF de lanzar una OPA sobre la compañía que preside Ignacio Sánchez Galán.

Aquí el problema no es una cuestión de nacionalismos económicos. Desde luego, todos preferiríamos que las grandes empresas de nuestro país siguieran en manos españolas, pero estamos en un mercado abierto global en el que unos compran y otros venden, e igual que empresas como Telefónica, Ferrovial o la propia Iberdrola han adquirido compañías de otros países, es lógico que empresas de otras naciones puedan venir aquí de compras, nos guste o no. Estas son las reglas del juego y lo fundamental es que el mercado pueda funcionar libremente porque beneficia a los consumidores en forma de más y mejores productos a precios inferiores, y de mayores dividendos si son accionistas de alguna compañía.

El problema con EDF tiene otra naturaleza. Y es que la eléctrica francesa es propiedad en un 80% de su Gobierno y Zapatero ha acordado con ese Gobierno, en concreto, con el presidente de la República, Nicolas Sarkozy, la venta de una empresa privada española a una compañía pública de fuera. Aquí está el quid de la cuestión, porque mientras los españoles se las ven y se las desean para adquirir compañías en Francia –qué se lo pregunten si no a Sacyr, después de la odisea que está viviendo con Eiffage–, éstas últimas pueden campar tranquilamente por sus respetos en España. Esa asimetría no puede producirse en un mercado verdaderamente único, pero existe porque Francia es proteccionista y juega con reglas distintas. Por ello, habría que parar los pies a EDF como hizo en su momento el Ejecutivo del PP a través de la Ley Rato cuando EDF y la pública portuguesa EDP intentaron hacerse con Hidrocantábrico.

El problema, ahora, es quién le pone el cascabel al gato. Si Zapatero ha permitido que Enel se quede con Acciona, ahora no puede impedir que EDF haga lo mismo con Iberdrola, ni la Unión Europea se lo va a permitir. Por no hablar de que Repsol sigue en el punto de mira de las grandes petroleras internacionales. Así es que todo el sector energético español, con la excepción de Unión Fenosa y Gas Natural, corre el peligro de pasar a manos extranjeras a causa de Zapatero, a manos de gobiernos foráneos que consideran que el sector energético es estratégico y actúan en consonancia, lo que implica impedir que el mercado funcione con libertad.

Iberdrola, por tanto, tiene una defensa difícil. Pese a que Sánchez Galán ha acudido a Bruselas para impedir que una empresa pública como EDF se quede con otra privada como Iberdrola, lo cierto es que no lo tiene fácil. Para Iberdrola, con toda probabilidad, la suerte ya está echada y solo quedaría por saber quién será su futuro dueño. Todo dependerá del 9-M. Si Zapatero repite en el Gobierno, EDF tiene casi todas las papeletas para ganar; si gobierna Rajoy, probablemente trataría de parar los pies a EDF y podría darse el caso de que E.On volviera a saltar a la arena y entrara en la puja por Iberdrola. En cualquier caso, el escenario que se perfila hoy por hoy como el más probable es que la eléctrica vasca cambie de pasaporte de aquí a unos meses. Y todo por un intervencionismo partidista que respondía a intereses concretos de Zapatero y que acaba de ser condenado por la UE. Lo dicho, la caja de Pandora está abierta para el sector energético español.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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