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Emilio J. González

EuroZP

ZP es el ministro de todo y sin él su Gobierno carece de norte y se paraliza; sin sus instrucciones, el Ejecutivo se queda sin brújula y no sabe por dónde tirar. Lo cual es una ventaja porque así se evita que pongan las cosas aún peor de lo que ya están.

Emilio J. González
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Pobre Unión Europea. A partir del 1 de enero, y durante seis meses, van –vamos– a tener a ZP de presidente de la UE, cosa que por estos pagos se agradece ya que el euroentusiasmo del inquilino de la Moncloa y su deseo de aprovechar el semestre español al frente de la política comunitaria para tratar de lavar su maltrecha imagen en España –que para eso el Gobierno ya está tirando la casa por la ventana– va a distraerle de los problemas de nuestro país. Así, Zapatero se concentrará en los asuntos europeos y se olvidará de los patrios, lo que con otro líder político y en estas circunstancias sería una verdadera tragedia, pero con éste y en estos momentos casi es mejor porque los asuntos europeos, ese nivel para grandes estadistas, absorberán su atención y probablemente minimizarán su capacidad para seguir gobernando España a base de esas ocurrencias y ese populismo que tanto daño nos están haciendo. Ya se sabe que Zapatero es, informalmente, ministro de todo y sin él su Gobierno carece de norte y se paraliza; sin sus instrucciones, el Ejecutivo se queda sin brújula y no sabe por dónde tirar. Lo cual es una ventaja porque así se evita que pongan las cosas aún peor de lo que ya están.

La agenda económica del Gobierno para este semestre se concentra en dos objetivos: liderar la salida de la crisis y promover las reformas estructurales necesarias para que la UE sea tan competitiva y avanzada como Estados Unidos. Por ironías del destino, resulta que a ZP, nuestro campeón del desempleo y del desastre económico, le toca estar al frente de este proceso, o al menos de este periodo, porque tengo serias dudas acerca de que Zapatero pueda aportar algo positivo a la UE en este sentido cuando tiene un país al borde de la quiebra económica y social por obra y gracia de sus disparatadas políticas económicas. Dudo mucho de que nuestro presidente pueda hacer o decir algo a escala europea que sea positivo cuando no lo hace en España. Y dudo todavía más de que el resto de mandatarios europeos vayan a hacerle el menor caso, teniendo en cuenta que nuestro campeón del socialismo más rancio y pernicioso choca frontalmente, en términos ideológicos y personales, con los principales mandatarios de la Unión Europea. Es otra ironía del destino que a un socialista convencido le toque encabezar a un grupo de políticos de derechas que dicen y hacen justo lo contrario que ZP y con bastante mejores resultados que los que cosecha el inquilino de la Moncloa.

En cuanto a lo de las reformas estructurales, habrá que ver qué entiende por ello Zapatero porque aquí reformas, lo que se dice reformas, ninguna. Mucho me temo que, conociéndole, trate de vender y convencer a los europeos de las bondades y parabienes de su ley de economía sostenible, aunque me temo que no va a tener mucho éxito porque por esos mundos transita gente muy lista que no compra burras viejas y desdentadas como si fueran briosos caballos españoles. En este terreno, nuestro ZP también va a chocar frontalmente con sus colegas europeos, entre otras cosas porque, aunque tanto la UE como los demás Estados miembros tratan de impulsar las energías renovables, por lo que están apostando decididamente es por lo nuclear, que es algo que le produce sarpullidos a nuestro progresista trasnochado. Sarpullidos y problemas políticos, porque la estrategia de ZP es tratar de ganar los apoyos de esos nichos minoritarios y radicales, llámense ecologistas, abortistas o como ustedes quieran, que deciden su voto en función de la única cuestión que les interesa.

Así es que el momento europeo de Zapatero, ese con el que viene soñando desde hace tiempo, llega cuando la UE piensa y actúa de forma radicalmente a la suya, con lo que su gestión de los asuntos comunitarios puede estar condenada al fracaso. ¿Qué puede ocurrir entonces? Pues que la propaganda oficial pretenderá hacernos creer que ZP está obrando milagros en Europa, porque lo que no me creo que vaya a ocurrir es que allí diga y haga lo que no dice ni hace por estos pagos. Es más, mucho me temo que, en algún momento del semestre de presidencia española de la UE, ocurra eso de que la cabra siempre tira al monte y a Zapatero le salga su vena sociopopulista radical y nos regale alguna que otra de sus frases para la historia, algo parecido a eso de que la Tierra no es de nadie, sino del viento, pero en versión política europea. Y es que nuestro EuroZP es todo un carácter. El espectáculo va a ser digno de verse, aunque nos saque los colores a los que todavía conservamos la dignidad nacional.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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