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Emilio J. González

Familias racionales

Emilio J. González
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El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores se ha quejado amargamente de que la bolsa española no termina de consolidar las ganancias porque “no se invierte donde debe hacerse”, ya que “en España, especialmente las familias, se dedican a comprar viviendas y, de este modo, el ahorro se está dedicando a un activo poco productivo”. Que las familias compran casas en lugar de acciones es un hecho de sobra constatado a lo largo de los dos últimos años; que tienen toda la razón en hacerlo es algo que a don Blas, por lo visto, le cuesta entender.

Calzada entiende la adquisición de una vivienda como una inversión, posiblemente influido por la visión economicista de las cosas, y se olvida que la gente vive en casas, preferiblemente en propiedad, a causa de la tradición de hombres libres que tenemos los españoles desde la Edad Media, y a causa también de que el mercado de alquileres en nuestro país deja mucho que desear por culpa de una legislación inadecuada e ineficiente sobre la materia. Los precios actuales de la vivienda, además, dejan muy poco margen de ahorro a la mayor parte de las familias de este país y el más elemental sentido de la prudencia indica que ese dinero guardado con esfuerzo no debe ir en su totalidad a la bolsa, sino que debe repartirse entre cuentas bancarias, renta fija, fondos de inversión, planes y fondos de pensiones y acciones para reducir los riesgos. Es lo que en el ámbito financiero se conoce como la teoría de la diversificación de carteras que cualquier inversor de profesión mínimamente sensato sigue a rajatabla. ¿Por qué no también las familias?

De todas formas, y si tomamos la vivienda como una inversión, las familias también actúan con lógica. Basta ver la evolución de sus precios a lo largo de los últimos años para darse cuenta de que, hasta ahora, la compra de una casa proporciona una rentabilidad que el mercado de valores sólo puede ofrecer en casos de burbuja como la de las tecnológicas, cuando hay información privilegiada o cuando el ahorrador da con una de esas acciones incomprensiblemente infravaloradas hasta que el mercado se da cuenta de ello y coloca su cotización en donde le corresponde por fundamentales. Es el caso, por ejemplo, de Indra, que en lo que va de año lleva una revalorización acumulada de más del 50%. Con esta técnica de inversión, Warren Buffet, el segundo hombre más rico del mundo, consiguió transformar cien dólares en catorce billones de dólares a través de su sociedad de inversión, Berkshire Hathaway. Así es que los que han comprado casas con el fin de obtener plusvalías resultan ser inversores de lo más racional. Otra cosa muy distinta es que, en estos momentos, esa adquisición tenga sentido cuando los precios de la vivienda han empezado a desacelerarse, pero hasta ahora haber actuado de esa manera ha sido de lo más sensato y racional.

Después está la cuestión de la aversión al riesgo. En los tres últimos años hemos visto cómo las ganancias acumuladas en bolsa desde 1997 se volatilizaban por culpa de la burbuja de las tecnológicas, las recomendaciones interesadas de los analistas y los escándalos contables, despertando en los inversores particulares la lógica y enorme aversión al riesgo. Mientras tanto, la vivienda se presentaba como un valor seguro que experimentaba enormes revalorizaciones y, como es lógico, el dinero se fue al ladrillo.

La propia CNMV es también responsable de que la gente busque refugios seguros para su dinero. Al caso Gescartera le ha seguido la pasividad que ha caracterizado a la Comisión desde que Calzada llegó a su presidencia, guardando un inquietante silencio ante casos como Enaco-Caprabo, Bami-Metrovacesa, ACS-Dragados, etcétera, etcétera, etcétera. Y los escaldados inversores particulares, como es lógico, no quieren repetir malas experiencias, por lo que se llevan su dinero a sitios más seguros hasta que confíen en que el único riesgo que van a correr es el propio e inherente a la inversión en renta variable.

Las familias, en resumen, están actuando con toda sensatez, diga lo que diga don Blas Calzada quien, irónicamente, ha contribuido a generar la situación que denuncia y tanto le molesta.

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