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Emilio J. González

Hipotecas y perspectivas electorales

Hubiera bastado con introducir más competencia en este ámbito para que la propia dinámica de los mercados hubiera recortado esas cargas

Emilio J. González
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La propuesta que acaba de realizar el vicepresidente económico del Gobierno, Pedro Solbes, de abaratar el cambio de hipoteca para que ésta pueda alargarse más tiempo y reducir de esta forma la carga que supone todos los meses para las rentas familiares es una muestra más de las consecuencias que han supuesto para los ciudadanos cuatro años sin política económica, con el consiguiente parón en el proceso de reformas estructurales y el deterioro en las perspectivas electorales de los socialistas.

Una de las reformas pendientes de completar desde hace tiempo es la de la fe pública. Ésta es necesaria desde cualquier punto de vista puesto que su existencia ayuda a la defensa de los derechos de propiedad, uno de los pilares básicos de cualquier economía de mercado, y reduce los costes asociados a la misma en caso de ser necesaria la reivindicación de dichos derechos. Pero una cosa es la importancia de la fe pública y otra muy distinta son los costes administrativos asociados a la misma. Desde hace tiempo, los distintos gobiernos vienen considerando la posibilidad de introducir competencia en la misma, con el fin de abaratar las cargas que supone cualquier escrituración para los ciudadanos, cargas que, por elevadas, en raras ocasiones encuentran justificación.

El Gobierno de Zapatero podría haber avanzado en dicha reforma y ahora no tendría que estar planteando medidas parciales, sesgadas y discriminatorias para permitir la ampliación con carácter gratuito de los plazos de las hipotecas. Hubiera bastado con introducir más competencia en este ámbito para que la propia dinámica de los mercados hubiera recortado esas cargas y, de esta forma, facilitar lo que ahora Solbes pretende que se produzca para aliviar las economías familiares. Por tanto, no es cuestión de proponer negociaciones con los fedatarios públicos y los bancos, sino de hacer política, concretamente política económica.

La propuesta de Solbes en sí misma revela, una vez más, que la crisis cuya existencia el Gobierno de Zapatero niega por activa y por pasiva es real y los ciudadanos la perciben. Pero en la génesis de esa crisis, de la que el presidente y sus ministros tratan de culpar una y otra vez a las circunstancias internacionales, el Ejecutivo tiene mucho que ver. Hoy no habría que estar hablando de la necesidad de reducir la carga que suponen las hipotecas para las economías familiares si se hubiera llevado a cabo una política adecuada para reducir la inflación que permitiera a los hogares respirar. Porque lo que los ahoga no es solo las hipotecas; es la combinación de su incremento con la fuerte subida de productos básicos como los alimentos y los carburantes. Y aquí vuelve a aparecer una vez más el gran error cometido en esta legislatura: la renuncia a hacer política económica. Si se hubieran introducido medidas de liberalización en todo lo que tiene que ver con la cadena de distribución comercial en todos sus eslabones, otro gallo le cantaría a la economía española, lo mismo que si se hubiera avanzado en la liberalización de los horarios comerciales o de la distribución de hidrocarburos. Pero no se hizo y ahora tratan de arreglar las cosas a marchas forzadas, en plena campaña electoral y como respuesta a las encuestas que hablan de la reducción constante de las distancias en intención de voto entre el PSOE y el PP que ponen en duda cada vez más las posibilidades de victoria de los socialistas.

La política económica requiere de una planificación sensata, entendiendo los problemas económicos del país y sus raíces, sabiendo aplicar los instrumentos adecuados con visión de largo plazo y con carácter estructural. Es la única forma de que sea eficiente y de que permita responder de manera eficaz a los importantes retos que tiene que afrontar la economía española. Lo que no se puede hacer es ir proponiendo medidas sobre la marcha en plena campaña electoral. Esto no es más que electoralismo pensado para ayudar a Zapatero a salvar la cara ante los debates con Rajoy y parches para problemas que necesitan arreglos mucho más profundos para que se puedan resolver de manera definitiva.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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