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Emilio J. González

Iberia, una carrera de obstáculos

Emilio J. González
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La salida a Bolsa de Iberia parece una carrera de obstáculos. Primero fue la huelga de celo de los pilotos del Sepla para reivindicar un nuevo convenio colectivo, más favorable para sus intereses. Después fue el mal momento por el que atraviesan los mercados de valores de todo el mundo, lo que llevó al presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, Pedro Ferreras, a sugerir la posibilidad de que el próximo 1 de abril se suspenda todo el proceso si el precio de la acción, que se fija ese día, es demasiado bajo. Y ahora, la SEPI se ha visto obligada a ampliar en diez puntos el tramo destinado a los inversores minoristas, en vista del escaso interés de los inversores institucionales --bancos, fondos de inversión, compañías de seguros-- por los títulos de la compañía de bandera española.

El martes mismo, sin ir más lejos, aún no se había recibido una sola orden de compra por parte de los inversores institucionales de Alemania y el Reino Unido. Y es que el sector aéreo en todo el mundo no está como para demasiadas alegrías. Las compañías aéreas que cotizan en las Bolsas europeas llevan más de un año registrando importantes caídas, como consecuencia del fuerte encarecimiento del queroseno, que supone un diez por ciento de sus costes totales, y de las incertidumbres que rodean en estos momentos al crecimiento económico mundial.

En el caso de Iberia, este último asunto es preocupante. La mayor parte de sus rutas internacionales tienen como destino Latinoamérica, cuyo futuro económico depende casi al cien por cien de si la crisis económica estadounidense es pasajera, como dice la Reserva Federal, o si, por el contrario, va a ser más duradera y profunda, como teme el presidente de EEUU, George W. Bush. Además, está la crisis argentina, que sin duda afectará a la cuenta de resultados de las empresas españolas que operan allí, entre ellas la compañía aérea que preside Xavier de Irala. Con tantos riesgos potenciales y tantas incertidumbres, a los que se suman los pilotos del Sepla, es lógico que los inversores institucionales se muestren cautos.

Lo malo de todo este asunto es que esa actitud de precaución no es una buena noticia para los primeros días de cotización de Iberia en Bolsa, porque puede dar lugar a revocaciones parciales de mandatos de compra o, simplemente, llevar a los accionistas minoritarios a vender una parte de los títulos que les adjudiquen porque será mayor de la que tenían previsto en un principio.

En medio de todo este marasmo, sin embargo, hay una buena noticia. Hoy, Iberia cotiza en el mercado gris, la antesala de su salida a Bolsa, por debajo del precio máximo fijado en 1,97 euros. Esto le confiere a la OPV cierto atractivo, porque la acción será barata. Y no hay que olvidar dos cuestiones importantes. En condiciones normales, las compañías aéreas están entre las empresas que obtienen mayores beneficios en todo el mundo. Además, una vez que se supere la situación actual de incertidumbre para el crecimiento económico, las previsiones apuntan a un crecimiento del 5% anual en el tráfico aéreo, lo que sin duda reportará pingües beneficios a las aerolíneas. A medio plazo, por tanto, la inversión en acciones de Iberia puede ser atractiva. Pero no sería ninguna sorpresa que, a corto plazo, el valor de la accion cayera por debajo del precio de salida. Eso hay que tenerlo presente.

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