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Emilio J. González

Inyección de competencia

Emilio J. González
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El Gobierno tiene previsto aprobar antes de las vacaciones de verano un conjunto de medidas para fomentar la competencia en el ámbito de las telecomunicaciones. Entre las opciones que baraja se encuentran las rebajas fiscales y las salvaguardias comerciales. Pero puede que este no sea el camino adecuado.

La iniciativa del Gobierno viene motivada por las constantes quejas de las operadoras pequeñas contra Telefónica, a quien acusan de no permitir que surja la competencia en el sector y, por tanto, de llevarlas a la ruina. Pero las cosas, como siempre, no son ni blancas ni negras, sino que tienen matices. Uno de ellos, por ejemplo, es el de las escasas inversiones de estas empresas, que han jugado a tenerlo todo a cambio de nada y que han presionado al Gobierno para que fuerce a Telefónica a ceder por las buenas una parte de su Mercado. Este es el primer error, porque el mercado lo tienen que obtener los competidores por sí mismos, no con ayuda del Gobierno, y para eso tienen que invertir y ser competitivos. Además, los pequeños operadores sólo quieren entrar en los grandes núcleos de población, allí donde tienen la ganancia casi asegurada, pero no quieren saber nada de los núcleos más reducidos, mientras que Telefónica tiene una obligación de servicio público que abarca a todo el territorio nacional y a todas las poblaciones. Y eso es un elemento a tener en cuenta en este debate porque esa prestación supone costes en los que no incurren los demás.

En segundo término, está la cuestión de las tarifas. El Gobierno apostó en su momento por una política tan generalizada como obligatoria de recorte de precios que ha sido un duro golpe no para Telefónica, sino para las demás operadoras que necesitaban ingresos mayores para ser rentables. Pero como las tarifas bajaban a golpe de decreto, y no por el juego de las fuerzas de la oferta y la demanda, al final quien salió beneficiada fue Telefónica que vio cómo sus competidores se arruinaban al no conseguir ingresos suficientes para cubrir sus costes con los precios tan bajos.

Por ultimo, viene la gran cuestión, que es la definición del mercado relevante en términos de competencia. Para unos, los pequeños operadores, el mercado es cada sector concreto. Pero una visión más realista de las cosas viene a indicar que el mercado relevante podría ser mucho más amplio porque, por ejemplo, si se pretende que haya competencia en las llamadas telefónicas ésta puede venir de la existencia de varios operadores en telefonía fija o de alternativas a la misma, como el móvil, Internet o el cable. Por esta segunda opción es por la que se inclinan los estudios más avanzados al respecto y es la que debería seguir el Gobierno porque no impide la aparición de competidores dentro de cada subsector y, sin embargo, incrementa notablemente el número de concurrentes potenciales y el de posibilidades.

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