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Emilio J. González

La CNE y los intereses de Moncloa

Costa ha pretendido, ante todo, favorecer los intereses de Moncloa, que fue quien abrió a los italianos las puertas de Endesa.

Emilio J. González
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La Comisión Nacional de la Energía ha vuelto a dar una nueva prueba de su servilismo hacia Moncloa y sus intereses, a través del contenido del acuerdo sobre la OPA conjunta de Enel y Acciona sobre Endesa. El organismo que preside Maite Costa ha dado el visto bueno a la operación, como era previsible, pero las diferencias entre las condiciones impuestas al tándem hispano-italiano y las que en su día impuso a E.On resultan más que evidentes, denotando abiertamente el sesgo a favor de los planes de Zapatero y su entorno.

La CNE ha impuesto dos condiciones por las cuales obliga a Enel y Acciona a que Endesa siga teniendo su sede y su equipo directivo en España y actúe de forma autónoma respecto de la eléctrica italiana, además de reservarse el derecho a vetar decisiones en las que haya intervenido Enel, o sea, el Estado italiano, que puedan perjudicar a Endesa o ir en contra de los intereses públicos españoles. Esto, evidentemente, es algo lógico si se quiere evitar que el escándalo que ya ha supuesto la intervención de Moncloa en el asunto de Endesa alcance cotas insostenibles. De esta forma, el organismo que preside Maite Costa trata de defender la españolidad de Endesa, cosa que, desde luego, y digan lo que digan el Gobierno y la propia Comisión, no parece posible en tanto en cuanto Enel puede llegar a tener el 75% de la compañía mientras Acciona no va a superar el 25%. Esta es la solución española de Zapatero: dar al Estado italiano tres cuartas partes del capital de nuestra primera eléctrica.

Igualmente, el regulador del sector energético ha impuesto sendas limitaciones al endeudamiento en que puede incurrir Endesa, así como a su política de dividendos, con el fin de evitar que quienes se han endeudado hasta las cejas para entrar en la operación, como Acciona, puedan traspasar a Endesa sus dificultades financieras, poniendo en peligro, de esta forma, las inversiones comprometidas por la eléctrica y el propio futuro de la compañía. La constructora de los Entrecanales, por tanto, tendrá que apañárselas como pueda para gestionar el fuerte endeudamiento en que ha incurrido para entrar en una operación que le supuso en su momento un desembolso de dinero equivalente a su capitalización bursátil para hacerse con el 21,4% de Endesa. La cuestión es si con las condiciones aprobadas por la CNE, Acciona va a ser capaz de aguantar o si, por el contrario, en algún momento no va a poder soportar el peso de semejante endeudamiento sin contar con más dividendos de Endesa ni poder traspasarle parte de la carga financiera, en cuyo caso se vería obligada a vender su participación a Enel.

Asimismo, Acciona no va a poder llevarse así como así el negocio de energías renovables, su principal interés en toda esta operación, ya que las condiciones que ha impuesto la CNE se lo impiden. Por tanto, ¿qué gana Acciona con todo esto? ¿El favor del Ejecutivo de Zapatero a través de la retribución a las energías renovables y de los contratos de obra pública?

Lo sangrante del acuerdo de la CNE se encuentra en la comparación con lo que fue su dictamen cuando E.On presentó su oferta por Endesa. Entonces, Maite Costa impuso que la gestión de las centrales nucleares se realizara conjuntamente por otras eléctricas españolas, cuando E.On es un gran experto a nivel mundial en este terreno, por considerar que las nucleares eran activos estratégicos. Pues bien, ahora esa consideración ha desaparecido por completo, como si Enel no fuera también una empresa tan extranjera como la eléctrica germana. Evidentemente, Costa ha pretendido, ante todo, favorecer los intereses de Moncloa, que fue quien abrió a los italianos las puertas de Endesa.

Lo mismo cabe decir respecto de las inversiones. La Endesa de hoy es la misma por la que E.On presentó una OPA el 22 de febrero de 2006. Pero, entonces, la CNE impuso fuertes desinversiones, en parte para tratar de forzar la retirada de la oferta alemana, en parte para que Gas Natural pudiera hacerse con activos eléctricos. Ahora, sin embargo, la CNE no dice nada al respecto cuando las condiciones que entonces alegó la comisión para aprobar semejante medida siguen siendo las mismas o, incluso, ahora más justificadas. No olvidemos que E.On no tenía activos en España mientras que Enel controla Viesgo y Acciona tiene un importante negocio de energías renovables. Sin embargo, aquí también la CNE vuelve a cambiar de criterio para favorecer los intereses de Moncloa en todo este asunto.

En definitiva, lo que ha dicho la CNE acerca de la OPA de Enel y Acciona sobre Endesa no es más que una componenda para salvar la cara de Moncloa ante todo y ante todos. Esto no es de recibo ni, desde luego, contribuye a generar confianza en la economía española.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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