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Emilio J. González

La debilidad de Europa

Las elecciones alemanas, en resumen, han llenado de incertidumbre el futuro económico del país; también el de la UE. Que a nadie le extrañe, por tanto, que el euro vuelva a debilitarse porque es la expresión más clara de la propia debilidad de Europa

Emilio J. González
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El resultado de las elecciones alemanas del pasado domingo constituye una mala noticia para la economía europea. Por ahora, el partido ganador es la cristianodemócrata CDU de Angela Merkel, que acudía a los comicios con el programa de reformas estructurales que necesita la economía germana para salir de un aletargamiento que dura cinco años y para resolver los graves problemas que padece de escasa productividad, bajo crecimiento económico, dificultades para crear empleo y una estructura productiva y un estado del bienestar que lastran su competitividad en el mundo de la globalización. Pero la victoria de Merkel ha sido muy justa e, incluso, podrían cambiar las cosas porque aún tienen que votar los ciudadanos de la ciudad de Dresde, donde hay en juego tres escaños que podrían otorgar el triunfo, aunque de manera muy ajustada, a los socialdemócratas del SPD del canciller Gerhard Schröeder. En cualquier caso, gane quien gane lo cierto es que el pueblo alemán ha votado por un intento de cambio en las personas que dirigen el país pero no por el giro que necesita su política económica para que Alemania vuelva a ser lo que fue durante el siglo XX.
 
Si Angela Merkel recibe finalmente el encargo de formar Gobierno, es muy posible que tenga que buscar el apoyo de los socialdemócratas, bien en el Bundestag, bien como parte del Ejecutivo. En cualquiera de los dos casos, su política reformista se vería lastrada por las necesidades de apoyos para sacar adelante sus propuestas. Algunas de ellas podrían triunfar, como la reforma laboral que ya quiso hacer Schröder en la pasada legislatura, pero en otras puede encontrarse sin la mayoría suficiente para aprobarlas ya que dentro del SPD hay una parte importante de sus miembros que rechazan de plano el transitar por el camino de la desregulación y la necesaria flexibilización de la muy rígida y esclerotizada economía alemana. Por tanto, los comicios del domingo, lejos de colocar a Alemania en el camino de las reformas y de despejar incertidumbres, han contribuido a aumentarlas.
 
El futuro económico alemán sigue presentándose oscuro a medio plazo, sin que se vislumbre por ahora nada que permita adivinar una salida de la tendencia hacia el declive en el que la hasta ahora locomotora económica de la Unión Europea se ve inmerso desde hace unos años. Por esta razón, la Bolsa de Francfort ha acogido con caídas los resultados electorales; por este mismo motivo, el euro también se ha venido abajo frente al dólar. Y es que Alemania es el país con mayor peso económico específico dentro de la UE. Lo que pase allí afecta a todos, y los europeos, después de la votación, vuelven a encontrarse con que su principal motor económico probablemente no va a funcionar en los próximos años tan bien como desean.
 
Además, el resultado de los comicios deriva en que el propio futuro del proyecto de construcción europea hoy por hoy siga siendo incierto. El proceso quedó muy tocado después de que Francia votará “no” al proyecto de constitución europea y los mercados lo interpretaron de manera inmediata como un signo muy claro de inconsistencia, de que la moneda única no iba a encontrar en políticas económicas comunes el respaldo que necesita para ser una divisa fiable. De hecho, desde aquel día, el euro ha entrado en una nueva fase de debilidad frente al dólar que le ha llevado de un tipo de cambio de 1,35 por cada divisa estadounidense al actual de 1,21, lo que constituye una buena noticia para los exportadores pero una mala para todos aquellos que dependen de un petróleo que, en la Unión Europea, ya no sólo se encarece en términos de dólares sino que ahora su factura también sube en términos de euros, y eso significa menos crecimiento económico y, por tanto, menos creación de empleo.
 
La salida de la situación en que el “no” francés a la Constitución europea colocó al proyecto de construcción europea exige un liderazgo fuerte, decidido y diferente del que hasta ahora había tenido la Unión Europea. Las propuestas políticas de Angela Merkel en este sentido van encaminadas a un acercamiento al Reino Unido en busca de otra forma de hacer Europa, en contraposición a las tesis de Schröder de acercamiento a Francia y reconstrucción del eje franco-alemán, que ha sido hasta ahora, para lo bueno y para lo malo, el motor de la construcción europea. Pero los resultados electorales han hecho que, en política europea, Alemania se quede entre dos aguas, ya que la CDU y el SPD defienden posturas muy distintas al respecto y ambos han obtenido de las urnas unas fuerzas muy igualadas que obligarán a llegar a acuerdos que a ellos les vendrán bien, pero que no tienen que ser, ni probablemente serán, los que necesita la Unión Europea en estos momentos.
 
Las elecciones alemanas, en resumen, han llenado de incertidumbre el futuro económico del país; también el de la UE. Que a nadie le extrañe, por tanto, que el euro vuelva a debilitarse porque es la expresión más clara de la propia debilidad de Europa.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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