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Emilio J. González

La política económica del nuevo talante

Si se quiere promover de verdad la creación de empleo mediante la rebaja de las cotizaciones sociales, lo lógico sería que afectase a todas las compañías

Emilio J. González
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Cualquier estudioso de la política económica sabe de sobra que, para que ésta tenga éxito, su contenido debe responder a una estrategia de medio y largo plazo acorde con los problemas y necesidades de la economía. Esta es una de las razones que explican los logros de los ocho años de gobierno del PP en materia económica. Pero, por lo visto, Zapatero tiene otra forma de ver las cosas y en lugar de que el Ejecutivo que preside diseñe y presente planes de alcance temporal y con un fin determinado, el presidente del Gobierno ha optado poco menos que por improvisar sobre la marcha y en función del auditorio al que se dirija, muchas veces sin que los ministros con responsabilidades sobre la materia sepan si va a comprometerse a algo y qué es lo que va a prometer.
 
El último ejemplo ha tenido lugar en la celebración del veinte aniversario de la Asociación de Jóvenes Empresarios. Zapatero fue invitado a una comida con ellos y allí les prometió que rebajaría las cotizaciones a la Seguridad Social para las empresas creadas por jóvenes. La idea sobre el papel no es mala puesto que, de esta forma, se promueve el espíritu emprendedor y se alivia a las empresas de uno de los principales lastres para la creación de empleo. Pero la cuestión es por qué esa rebaja se limita sólo a los proyectos emprendidos por jóvenes, muchos de ellos llamados de antemano al fracaso ante la falta de experiencia y de conocimiento por parte de sus promotores de lo que significa la actividad empresarial. Si se quiere promover de verdad la creación de empleo mediante la rebaja de las cotizaciones sociales, lo lógico sería que afectase a todas las compañías; si lo que se pretende es fomentar la aparición de nuevas empresas, la deducción tendría que tener carácter general. Sin embargo, Zapatero ha limitado su promesa a los jóvenes sin explicar por qué esos beneficios no se extienden al conjunto de empresarios.
 
Ante esta constatación, la pregunta es inmediata: ¿tiene el Gobierno estrategia de política económica? Cuando el PP estuvo en el poder, diseñó un plan de bajada selectiva de las cotizaciones sociales para aquellos empresarios que contrataran mujeres, jóvenes o parados de larga duración. El objetivo, entonces, era claro: si los cabezas de familia estaban en pleno empleo y, sin embargo, la tasa de paro española todavía tenía dos dígitos era porque los cónyuges y los hijos no tenían trabajo. Por tanto, para reducir todavía más el paro había que favorecer su contratación, así como la de las personas mayores de 45 años que llevasen un año o más sin trabajar porque su situación era un indicio claro de las dificultades para que estas personas pudieran reintegrarse al mercado laboral. En consecuencia, la rebaja de cotizaciones sociales respondía a un fin concreto y a un problema definido y tuvo éxito. Ahora, sin embargo, no hay estrategia de ningún tipo, ni anunciada ni sin anunciar, excepto la de que Zapatero quede bien allí donde vaya, con promesas ‘ad hoc’ para su auditorio, como la de Bilbao con aquello de que “éste va a ser el Gobierno que salve los astilleros” o la más reciente ante la Asociación de Jóvenes Empresarios. El nuevo talante ha llegado también a la política económica, aunque dudo que sea para bien.

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