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Emilio J. González

Las cajas, a pique

sería desvestir a un santo para vestir a otro porque el hecho de que las cajas entren en el capital de los astilleros no garantiza su viabilidad

Emilio J. González
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Vuelta la burra al trigo. Este domingo, esta vez en Galicia, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha vuelto a prometer salvar los astilleros públicos Izar, como hizo hace un mes en el País Vasco para tener que desdecirse cuatro días después y dar lugar, así, a la reacción violenta de unos trabajadores y unos sindicatos que hasta ese momento estaban tranquilos.
 
El salvavidas que Zapatero quiere echar a Izar es, ni más ni menos, que las cajas de ahorros, aunque no a todos sino a los que carecen de salida, los civiles, porque la división militar tiene trabajo y puede recibir ayudas públicas y algunos inversores privados quieren adquirir alguno de los astilleros, como el de Ferrol. Así es que, vuelta la burra al trigo y las cajas a ser utilizadas como instrumento político. Este es el problema.
 
Hasta ahora, las cajas más ‘comprometidas’ con la salvación de Izar son las andaluzas. Estas entidades de crédito, sin embargo, son débiles, carecen de músculo financiero suficiente, y cargarlas con semejante peso no haría sino acrecentar todavía más su debilidad. Esta es parte de la cuestión porque operaciones de este tipo han acabado al final con la viabilidad de muchas entidades de crédito que se han visto inmersas en ellas para que, al final, tuvieran que intervenir el Banco de España y los dineros públicos, que son los de todos, en su salvación. En definitiva, sería desvestir a un santo para vestir a otro porque el hecho de que las cajas entren en el capital de los astilleros no garantiza su viabilidad. Ésta es posible si hay demanda de barcos e Izar es capaz de satisfacerla con precios y calidades competitivas, cosa que hoy no parece posible.
 
Con la operación, las cajas asumirían un riesgo elevado que tendrían que compensar en su balance, lo que, en última instancia, siempre acaba por traducirse en restricciones al crédito al sector privado que frenan el crecimiento y la capacidad de creación de empleo de la economía andaluza, cuando su tasa de paro duplica a la media nacional y es la más elevada del país. Este es un claro ejemplo de lo que en la literatura económica se conoce como el ‘Robin Hood miope’ quien, al tratar de resolver un problema mediante la intervención pública, crea otro mayor.
 
La participación de las cajas, además, podría encontrarse con un segundo problema, del que hasta ahora nadie ha hablado. La Comisión Europea vigila con lupa, desde hace tiempo, las inversiones de estas entidades crediticias, a las que considera semipúblicas, de forma que el Gobierno podría encontrarse con que Bruselas dijera que el dinero que pudieran aportar las cajas para recapitalizar Izar son ayudas públicas y rechazar la operación. Este riesgo no puede pasarse por alto.
 
Los planes del Gobierno para Izar, por tanto, deberían descartar la participación de las cajas de ahorros. Sería nociva para ellas y sentaría un mal ejemplo respecto a otros sectores o empresas en crisis porque puestos a salvar astilleros, ¿por qué no sacar también a flote cualquier otra empresa que tenga problemas, aunque sea a costa de hundir poco a poco a las cajas?

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