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Emilio J. González

Las contradicciones de Trichet

Trichet debería dejar de condicionar la política monetaria del BCE a la crisis crediticia, porque lo que se está gestando con la inflación es mucho peor que el que unos bancos imprudentes tengan problemas.

Emilio J. González
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¿Qué sentido tiene que Jean Claude Trichet diga que el Banco Central Europeo está preparado para subir los tipos de interés en cualquier momento cuando, por otra parte, la entidad que preside se ha embarcado, junto con otros bancos centrales del mundo, en el acuerdo para proporcionar a los mercados crediticios toda la liquidez que necesiten con el fin de paliar la crisis?

La economía está atravesando un momento muy peligroso. Por un lado, la inflación está convirtiéndose cada día más en una seria amenaza. Los alimentos y el petróleo están impulsando al alza el crecimiento de los precios de consumo y los agentes sociales ya se preparan para negociar las revisiones saláriales de 2008 teniendo en cuenta tasas de inflación superiores al 4 por ciento. Por otro, en los mercados financieros escasea el crédito porque los bancos no se fían unos de otros, lo que hace que los tipos de interés suban. En consecuencia, y ante este panorama, lo único que se puede decir es que la economía mundial, o al menos los países desarrollados, se dirigen hacia una seria crisis económica provocada por los problemas derivados de las hipotecas de alto riesgo y agravados por el contexto inflacionista de los últimos meses.

Para combatir esa inflación y evitar que vaya a más, agravando todavía más las cosas, solo hay una receta: retirar dinero del sistema mediante tipos de interés más altos. Sin embargo, esto implica falta de crédito en los mercados y más problemas como consecuencia de la crisis hipotecaria.

En este contexto, lo más lógico sería no hacer nada. Si los mercados ya están subiendo los tipos de interés y retirando dinero en circulación, dejemos que lo sigan haciendo, ya que es la única forma de evitar que los problemas inflacionistas vayan a más. Y como los mercados están actuando de esta forma, el BCE ha decidido, por el momento, no seguir subiendo los tipos de interés. Pero ahora llega la cuestión de las entidades financieras que se embarcaron en inversiones arriesgadas que ahora están saltando por los aires como consecuencia de la crisis de las subprime. Muy mal deben de estar viendo las cosas los banqueros centrales de todo el mundo para decidir inyectar liquidez al sistema y salvar a los bancos con problemas, pero eso es un error.

Esas inyecciones de liquidez van a alimentar una inflación que ya se está disparando. Por ello, no deberían llevarse a cabo. Es más, desde la crisis asiática del 97, el exceso de liquidez ha sido una constante en los mercados, alimentado por la crisis de la deuda rusa del 98, el efecto 2000, los atentados del 11-S y la guerra de Irak. Ese exceso de dinero en circulación, que sigue sin retirarse, ya ha dado lugar a serios problemas, como la burbuja bursátil de las tecnológicas, la burbuja inmobiliaria y ahora, posiblemente, un estallido de la inflación. Y mientras, las entidades crediticias, lejos de aprender la lección, siguieron embarcándose en políticas de inversión arriesgadas sabiendo que, al final, alguien acudiría al rescate. Pues bien, es el momento de poner fin a esta dinámica perniciosa y dejar que cada palo aguante su vela. Esto implica que se acaben las inyecciones de liquidez y que los bancos centrales actúen como deben para combatir la inflación, aunque ello implique una crisis, porque si la inflación se dispara a causa de tanta inyección de dinero, las medidas que habrá que tomar después serán mucho más dolorosas y darán lugar, al final, a una crisis aún más profunda que la que se pretende evitar.

Trichet, por ello, debería dejarse de una vez por todas de contradicciones, de dar una de cal y otra de arena, y dejar de condicionar la política monetaria del BCE a la crisis crediticia, porque lo que se está gestando con la inflación es mucho peor que el que unos bancos imprudentes tengan problemas. Eso es lo que debe primar y no operaciones de salvamento de entidades que deben de empezar a asumir las consecuencias de sus propios errores.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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