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Emilio J. González

Lo que de verdad dicen los mercados de ZP

Los inversores saben que España está al límite, que camina al borde del precipicio y no quieren verse arrastrados a lo más negro y profundo del abismo por nuestros gobernantes.

Emilio J. González
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El presidente del Gobierno, en su permanente huida hacia adelante, en su empecinamiento en negar una y otra vez una realidad que se le está cayendo encima a plomo, va a comparecer el próximo miércoles en el Congreso de los Diputados para recrearnos con un nuevo capítulo de la teoría de la conspiración. No va a hablar para nada de medidas para generar confianza, ni nada por el estilo. No, por el contrario, va a volver a escudarse en maquinaciones ficticias de los inversores cuando lo que de verdad está ocurriendo con España es que todo el mundo está perdiendo la confianza a pasos agigantados en la capacidad del Gobierno para hacer lo que hay que hacer con la economía y, por tanto, en la solvencia de nuestro país a la hora de atender los pagos de una deuda pública que sube como un cohete. Eso es lo que ocurre de verdad y la mejor prueba de ello es la observación y el análisis preciso de lo que está ocurriendo con el diferencial de tipos entre España y Alemania, que mide el riesgo creciente de invertir en nuestro país.

Hace apenas dos meses, ese diferencial entre el bono alemán y el español se situaba en medio punto, aproximadamente. Esta semana ha cerrado en 1,6 puntos. Si hubiera, como sostiene el Gobierno, una conspiración de los mercados contra España, el aumento de esa prima de riesgo hubiera sido fruto exclusivo del incremento de los tipos de interés de la deuda española o, dicho de otro modo, de la caída de su precio. Esto significaría que habría en el mercado quien estaría vendiendo masivamente deuda española y largándose con su dinero fuera de la Unión Europea o, al menos, de la zona euro. Sin embargo, lo que de verdad está ocurriendo es que la ampliación de las distancias con Alemania se debe a que se están vendiendo bonos españoles, provocando la subida de su rentabilidad, para adquirir títulos alemanes, lo que da lugar a la reducción de su interés. Es decir, se trata de movimientos intraeuropeos en los cuales los inversores están deshaciéndose poco a poco de activos que consideran más arriesgados o de menor calidad, como los nuestros, y adquiriendo aquellos otros que consideran más seguros y fiables, como los germanos. Esto no es conspiración, esto es simple y pura lógica financiera por la cual la desconfianza permanente que suscita el Gobierno en relación con la economía y el descrédito en el que han caído Zapatero y los suyos después de tanta política de brazos cruzados, de tanto prometer y tan poco cumplir, de tanto tratar de engañar a unos y otros, lleva a considerar que es cada vez más peligroso detentar activos financieros españoles y, por tanto, a deshacerse de ellos.

¿Quién está vendiendo deuda española? Pues ni más ni menos que aquellos inversores institucionales a los que su vocación inversora les obliga a actuar con prudencia. Me refiero, por ejemplo, a los fondos y planes de pensiones, que tienen que pagar prestaciones por jubilación con el dinero que gestionan y no se pueden permitir el perderlo así como así. O a los fondos de inversión de estrategia conservadora, a los que les ocurre tres cuartos de lo mismo. Nuevamente se ve claramente que no se trata de conspiración alguna de los mercados contra quien quiere reformarlos, como dijo Zapatero, en un nuevo alarde de su infantilismo megalómano, el pasado febrero cuando los inversores empezaron a ponerle en su sitio y como seguramente repetirá el próximo miércoles, sino de pura y simple prudencia en la gestión de los ahorros de la gente.

El problema es que Zapatero sigue sin querer afrontar que mientras no aborde un verdadero programa de saneamiento de las cuentas públicas que permita reducir drásticamente el déficit y una reforma laboral que permita generar empleo y, con él, impulsar el crecimiento económico y reducir el riesgo de insolvencia de las familias y, por tanto, de las entidades crediticias, nadie va a volver a confiar en la economía española. Los mercados están ya muy escamados con los problemas de Grecia y cuando miran hacia España ven que su sistema financiero se puede contagiar de la intoxicación helena, que sus cuentas públicas son insostenibles y, por tanto, que la capacidad del sector público para devolver lo que debe es muy limitada, que el Ejecutivo sigue apostando por más y más gasto y más y más deuda, que la subida del IVA va a provocar una nueva recesión, lo mismo que la retirada de los estímulos de gasto público al crecimiento, y que los sectores inmobiliario y financiero, tan estrechamente unidos entre sí, pueden colapsar en cualquier momento. Por eso no sólo no compran nuestra deuda pública, sino que están desprendiéndose de ella, poco a poco, como hacen siempre para no provocar un cataclismo en el mercado que les genere pérdidas innecesarias. Saben que España está al límite, que camina al borde del precipicio y no quieren verse arrastrados a lo más negro y profundo del abismo por nuestros gobernantes. E insisto una vez más, eso no es conspiración, es prudencia, lógica, sentido común o como quieran llamarlo.

¿Qué va a pasar a partir de ahora? Pues simplemente que la salida de esos inversores, que son estables, de largo plazo, expone cada vez más a nuestro país a una crisis de deuda porque esos inversores son los que estabilizan y sostienen el mercado. Zapatero trata de compensarlo pidiendo ayuda a la banca y a las grandes empresas españolas para que compren deuda. Sin embargo, la capacidad de una y otras para adquirir esos títulos es limitada, en parte porque sus recursos también lo son, en parte porque tienen que dar cuentas a sus accionistas de lo que hagan con el dinero. Por tanto, esa ayuda es limitada tanto en términos temporales como de cantidades y no ataca el mal de raíz, que es como se tienen que hacer las cosas en estos momentos, lo cual nos deja en una situación de debilidad más que propicia para lleguen los especuladores y hagan de las suyas a costa nuestra.

La teoría de la conspiración, por tanto, y como siempre, no sirve para explicar la realidad, sino para tratar de enmascararla porque, digámoslo alto y claro, esto no sucedería si el Gobierno hiciese sus deberes. Pero como ZP sigue queriendo pasar de puntillas sobre la crisis, sin mojarse lo más mínimo, pues en esas estamos, a la espera de que un día, que vendrá a no tardar mucho si seguimos con esta dinámica, se produzca la debacle de la deuda española, los tipos de interés se disparen y Zapatero tenga que solicitar un rescate que muy probablemente no se producirá por la simple y sencilla razón del tamaño de la economía española. Eso no es conspiración, eso es la consecuencia del Gobierno que tenemos y de que actúa como actúa.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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