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Emilio J. González

Los impuestos de Pepiño

Eso de que los impuestos en España son más bajos que en la UE y, por ello, tienen que incrementarse no es más que la excusa para subirlos sin que medie razón alguna para ello excepto el deseo de Zapatero de gastar y gastar más.

Emilio J. González
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A estas alturas ya sabemos de sobra que José Blanco es en el Gobierno algo más que el ministro de Fomento; es el alter ego de Zapatero, que habla para decir lo que el presidente quiere que se diga sin que el actual inquilino de La Moncloa sufra por ello el consiguiente desgaste político. Así es que cuando Pepiño habla de cualquier cosa ajena a su departamento, ya sea relacionada con la política del Ejecutivo o con las cuestiones internas del PSOE, detrás de él se encuentra la mano de ZP moviendo los hilos. Por tanto, cuando el titular de Fomento ha dicho este pasado fin de semana que los impuestos van a subir en España porque son más bajos que en la Unión Europea en realidad no era él quien estaba hablando, sino Zapatero a través de sus palabras. Un aspecto este de suma importancia a la hora de valorar el verdadero alcance de esa nueva y dolorosa estrategia de política económica del Gabinete que va a volver a machacar a los ciudadanos.

Eso de que los impuestos en España son más bajos que en la UE y, por ello, tienen que incrementarse no es más que la excusa para subirlos sin que medie razón alguna para ello excepto el deseo de Zapatero de gastar y gastar más, a pesar de la grave crisis económica y fiscal que vive nuestro país. El presidente del Gobierno se niega a aplicar con fruición la tijera a partidas de gasto público totalmente innecesarias, pero que conforman la arquitectura ideológica de su estrategia política, y con ello condenó en un principio a uno de los pocos capítulos de gasto público que en estos momentos justifican su existencia, esto es, la inversión en infraestructuras. Ahora, sin embargo, Zapatero ha cambiado de idea. Sigue defendiendo sus gastos políticos pero también quiere apostar por las infraestructuras, en parte por las críticas que le han llovido por su estrategia de política presupuestaria, en parte para intentar relanzar la economía a base de gasto público en este capítulo y, en parte también, porque cree que, a menos de un año de las elecciones municipales y autonómicas, jugar de nuevo con esa partida presupuestaria puede depararle réditos electorales. Pero como no hay dinero para tanto dispendio, y como la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional nos exigen seguir recortando el tremendo "agujero" de las cuentas públicas españolas, pues a subir los impuestos y, de paso, a volver a dar más peso al Estado en la actividad económica, que es otra de las cosas que le ponen a ZP.

Por supuesto, en todo esto el Ministerio de Economía no pinta nada porque, a fin de cuentas, todo ello viene de Moncloa y cuando las ideas se pergeñan allí, a Zapatero le da igual ningunear al ministro o vicepresidente que toque, en este caso a Elena Salgado. Y más aún si los técnicos del Ministerio advierten que este no es momento de seguir subiendo los impuestos porque ello supone un nuevo lastre para superar la crisis económica, ya que la mayor presión fiscal deprimirá aún más tanto el consumo como los márgenes empresariales y, como es de sobra conocido, ello implica menos crecimiento económico y menos empleo. Pero a Zapatero eso le da igual. Piensa que con un nuevo tirón del sector de la construcción financiado con dinero público, o sea, con más impuestos, se generará el suficiente empleo y la suficiente actividad económica que permita compensar los efectos negativos de ese nuevo apretón al bolsillo de los ciudadanos.

Estamos ante un nuevo ejercicio de improvisación en materia de política económica, porque esto no responde a un plan a medio y largo plazo bien estructurado sino que, como siempre, es fruto de las necesidades y ocurrencias de ZP y por ello le da igual que la estrategia de los países que están saliendo de la crisis, como Alemania o Francia, sea la de bajar impuestos, justo lo contrario de lo que él hace. Zapatero quiere seguir a lo suyo y cualquier justificación, por falsa y rebuscada que sea, le vale.

Lo malo es que al presidente del Gobierno le están marcando de cerca los mercados y, posiblemente, no le dejen salirse con la suya. Después de que el diferencial de tipos con Alemania se redujera en julio en alrededor de un punto, ya está volviendo a subir y a acercarse a los dos puntos, porque los mercados temen tanto las recientes palabras de Zapatero prometiendo un mayor gasto público como, sobre todo, que la economía española es una economía débil y sin capacidad de crecer. La estrategia de Zapatero y Blanco no hace más que persistir en este error al tratar de reeditar el anterior patrón de crecimiento, basado en la construcción, que nos metió de hoz y coz en la que estamos ahora. Y eso es lo que están penalizando los mercados en estos días.

Claro que como ZP no ha hablado de subir impuestos, sino que ha sido Blanco el que lo ha dicho, al inquilino de La Moncloa le queda margen para rectificar, una vez más, si los mercados vuelven a meter presión, como ya están empezando a hacer, y aquí paz y después gloria. Sin embargo, los mercados ya se están dando cuenta que Zapatero solo hace lo que tiene que hacer bajo su presión y, en cuanto la relaja, vuelve a las andadas, con lo cual, el día que se harten, que puede que no esté muy lejos, aquí nos vamos a enterar de lo que vale un peine.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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