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Emilio J. González

Montilla, Repsol y el precio del petróleo

¿Tendrá algo que ver con Repsol, a quien Montilla favorece una y otra vez de la misma forma en que favorece todo lo que tenga que ver con los intereses de La Caixa, accionista de referencia de Repsol?

Emilio J. González
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Con el siglo XXI, hemos entrado en un mundo económico muy distinto a aquel que conocimos en el siglo XX, en el que la seguridad del abastecimiento energético se está convirtiendo en uno de los principales problemas económicos que tendrán que resolver los principales países industrializados del mundo. Concretamente, la disponibilidad de fuentes de aprovisionamiento de petróleo se presenta como el principal reto que tendrán que afrontar las economías desarrolladas, muchas de las cuales carecen de este recurso natural. Por ello, distintos países empiezan a tomar medidas de cara a un futuro incierto pero, ¿qué hace el Gobierno español al respecto? ¿Qué planes tiene el ministro de Industria, José Montilla, para afrontar una realidad relativa al crudo muy distinta a la del siglo XX?

A principios de esta semana, el petróleo ha superado la barrera de los 73 dólares por barril, un precio muy elevado si se compara con los poco más de 9 dólares por barril en que se encontraba su cotización en septiembre de 2000, y sin perspectivas de que las cosas vayan a cambiar de forma significativa en el futuro. Y es que la demanda mundial de crudo se ha disparado como consecuencia de los niveles de desarrollo que están alcanzado los países asiáticos, esencialmente dos de ellos, China y la India, que concentran la tercera parte de la población mundial. Ante semejante incremento de la demanda, la respuesta lógica del mercado del petróleo es incrementar su precio. Asimismo, los expertos en recursos energéticos empiezan a advertir que el petróleo se acaba porque los yacimientos que se están descubriendo cuentan con menos capacidad de producción de crudo que aquellos que se están agotando, con lo que estiman que el mundo tiene petróleo para unos 80 años.

Además, la mayor parte de los grandes yacimientos conocidos de oro negro existentes en el planeta se encuentran en zonas altamente inestables desde el punto de vista geopolítico y los dirigentes de estos países, la mayor parte de ellos dictadores, están dispuestos a utilizar esta ventaja estratégica contra Occidente. Sin ir más lejos, ahí tenemos el ejemplo del venezolano Hugo Chávez que propuso en la última y reciente cumbre de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) un recorte de la producción que, de haberse llevado a cabo, hubiera encarecido todavía más el crudo y podría haber llevado a las naciones industrializadas a padecer serios problemas económicos. O el más reciente, el de Irán, que está dispuesto a desplegar una estrategia similar como arma en sus disputas con Occidente acerca de su programa nuclear, lo que ha llevado la cotización del petróleo a superar los 73 dólares por barril. Y estas amenazas no hay que tomárselas a la ligera. Baste recordar que la primera crisis del petróleo, la de noviembre de 1973, tuvo su origen en el apoyo de Occidente a Israel en la guerra del Yom Kippur y la segunda, la de 1979, en el respaldo occidental al sha de Persia, Reza Pahlevi, frente a la revolución fundamentalista islámica del ayatollah Jomeini. Así es que, por mucho que los analistas y estrategas occidentales consideren ahora que las amenazas de Irán tienen mucho de farol porque el país tiene una gran dependencia de los ingresos de las exportaciones de petróleo, las cosas hay que verlas desde la mentalidad y la perspectiva iraní y no tomárselas, ni mucho menos, a la ligera.

Este escenario petrolífero es completamente nuevo y muy distinto al de la pasada centuria, pero nunca resultó imprevisible. De hecho, en 1997, Martin Feldstein, presidente del estadounidense Nacional Boureau of Economic Research (NBER) publicó un artículo en la revista Foreign Affairs analizando está cuestión, en el que describió a la perfección el escenario actual e, incluso, se aproximó mucho en fechas y precios a lo que hoy vive el sector energético mundial. Por ello, en Estados Unidos empezaron a prepararse para lo que pudiera venir e, incluso, este mismo año, el presidente Geeorge W. Bush ha hablado públicamente de la necesidad de reducir la dependencia del país de las fuentes energéticas exteriores. Es más, el gobernador del Estado de California, Arnold Schwarzenegger, ya está promoviendo la construcción de gasolineras de biodiesel (combustible similar al gasoil extraído del girasol, la colza u otras plantas –incluso a partir del aceite usado para freír alimentos- y menos contaminante que los derivados del petróleo), mientras que los grandes periódicos del país, como The New York Times o The Washington Post están respaldando todas estas iniciativas. Y todo ello en una nación como Estados Unidos en la que el lobby petrolero tejano apoya a Bush y tiene una gran influencia en la política estadounidense.

¿Qué hace, mientras tanto, el Gobierno español? Nuestro país tiene una dependencia energética externa muy superior a la de otras economías avanzadas y esta dependencia, además, está creando muchos problemas con la balanza de pagos en los últimos años debido a la evolución del precio del petróleo. Con lo cual, cualquier problema futuro respecto al petróleo, ya sea de naturaleza geopolítica, ya sea simplemente cuestión de precios, golpeará a España con mucha más dureza que a otras naciones avanzadas. Lo lógico, por tanto, sería que desde el Ministerio de Industria de José Montilla empezaran a prepararse planes para hacer frente a esta situación, planes en los que, si se apuesta por el biodiesel, España puede tener ventajas competitivas respecto a otros países de la Unión Europea porque sus tierras de cultivo son muy aptas para la producción de girasoles. Entonces, ¿por qué no se empieza a hacer algo al respecto, especialmente si se tiene en cuenta que el precio del biodiesel es inferior al de los derivados del petróleo en sus niveles actuales? ¿Tendrá algo que ver con Repsol, a quien Montilla favorece una y otra vez de la misma forma en que favorece todo lo que tenga que ver con los intereses de La Caixa, accionista de referencia de Repsol?

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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