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Emilio J. González

Optimismo 2, incertidumbre 1

Emilio J. González
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¿Cuánto tiempo de vida le queda a la crisis económica internacional? Probablemente, esa es una respuesta que nadie conoce, pero los mercados, que suelen adelantarse en unos seis meses a la evolución de la actividad productiva, son cada vez más optimistas acerca de la recuperación, a pesar de que todavía albergan dudas acerca de su sostenibilidad a medio plazo. Por tanto, los grandes inversores, los institucionales, o sea, los fondos de inversión, los bancos de negocios, las compañías de seguros, ya están empezando a tomar posiciones en las bolsas mundiales con vistas, precisamente, a esa reactivación. ¿Tienen razón?

Los propios mercados todavía no están del todo seguros de que, efectivamente, las cosas vayan a cambiar para mejor, pero consideran que es cada vez más probable que, efectivamente, esto vaya a ser así. De hecho, la última encuesta de gestores de fondos de Merryl Lynch, realizada entre el 31 de octubre y el 7 de noviembre a inversores institucionales que gestionan activos por valor de 677.000 millones de dólares, indica que las expectativas de los mercados han mejorado por segundo mes consecutivo a pesar de que los encuestados reconocen que el crecimiento económico es muy bajo. La mejora de expectativas, en consecuencia, no se produce porque la economía mundial esté evolucionando de forma más favorable, sino por una razón empresarial: la reducción de costes, o sea, el saneamiento, llevado a cabo por las compañías a lo largo del último año se traducirá en 2003 en un aumento de los beneficios. Ese será el pistoletazo de salida para la recuperación económica porque a los mayores beneficios seguirán la recuperación de la inversión en bienes de equipo, el aumento de las contrataciones y, por último, la reactivación del consumo. Ese es el escenario que empiezan a descontar las bolsas. En consecuencia, las subidas registradas en el último mes son algo más que el ‘rally’ alcista previo al cierre del ejercicio que permita reducir las pérdidas de las empresas y el mundo financiero por depreciación de su cartera de valores; son el posible indicio de una recuperación de las cotizaciones que los encuestados consideran que todavía están infravaloradas.

La conclusión que se saca de todo lo anterior es que es el momento de empezar a pensar en volver a la bolsa, sobre todo a aquellas compañías que presenten planes para reducir su deuda, que es lo que ahora valoran más los mercados. Pero, por supuesto, hay que hacerlo con las debidas cautelas. Los inversores institucionales las están tomando y conservan todavía una parte del dinero que gestionan en liquidez. Todavía no quieren arriesgarlo todo porque siguen existiendo incertidumbres. Pero esa liquidez es menor que hace un año, cuando los atentados del 11-S y todos los miedos que suscitaban estaban muy presentes en el ánimo de los inversores y en las desplomadas cotizaciones bursátiles. Es decir, el dinero está retornando al mercado de valores y eso da consistencia a las subidas actuales... si la posible guerra con Irak no cambia las cosas, sobre todo el sentimiento de los inversores, que actualmente bebe cada vez más en las fuentes del optimismo. No obstante, de momento el optimismo gana 2 a 1 a la incertidumbre.

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