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Emilio J. González

Pizarro, por la puerta grande

Hoy, la compañía va a ser controlada por la eléctrica pública italiana y la constructora de los Entrecanales, pero Pizarro, con su estrategia, ha conseguido que de los 21,4 euros ofertados inicialmente por Gas Natural se haya llegado a los 41

Emilio J. González
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El presidente de Endesa, Manuel Pizarro, se ha despedido de los accionistas de la eléctrica a lo grande. La asamblea, como es lógico en estos casos, iba a ser un elogio continuo a quien ha dirigido la compañía a lo largo de los últimos años y ahora se marcha forzado por las circunstancias. Todos han alabado su gestión, pero las buenas palabras que ha recibido el de Teruel estaban más que merecidas.

Cuando Pizarro llegó a la presidencia de Endesa el 14 de mayo de 2002 se encontró con una compañía que atravesaba una situación particularmente difícil. La crisis del peso argentino había estallado unos meses antes y Endesa, con importantes intereses en el país austral, estaba sufriendo con especial virulencia las consecuencias de la debacle de la divisa de Argentina, del "corralito" y de las medidas que adoptó el Gobierno de Duhalde para tratar de frenar la crisis, entre ellas la congelación de las tarifas de los servicios públicos.

Para complicar más las cosas, todo ello ocurría mientras la Bolsa corregía los excesos de la burbuja de las tecnológicas, que también afectaban a la eléctrica. Teniendo en cuenta la escasa rentabilidad de las inversiones en el sector eléctrico español, derivadas de la política de recortes de tarifa seguida por el PP, empresas como Endesa se habían embarcado en inversiones en otros sectores, concretamente en el tan prometedor como luego decepcionante sector de las telecomunicaciones. Por entonces, la crisis ya había estallado y sobre Endesa llovía sobre mojado. Estas inversiones se acometieron con fuertes inyecciones de deuda y la compañía estaba pagándolo muy caro.

Por último, Endesa sufría las consecuencias de su pasado como empresa pública, en forma de compromisos con el sector del carbón nacional, tan poco eficiente como rentable. A la eléctrica le tocaba, y le toca, sostener artificialmente a la minería hullera española y su balance paga las consecuencias.

En este contexto, Pizarro supo gestionar la compañía de forma que recuperase la confianza de los inversores en las acciones de Endesa, al tiempo que atendía los compromisos heredados. Saneó el balance de la empresa y la embarcó en una nueva fase de internacionalización, con la brújula, en este caso, apuntando hacia Europa, concretamente a Francia e Italia. En tan solo dos años, Pizarro cambio la cara y el fondo de Endesa para dotarla de los niveles de competitividad propios de una compañía del nombre y la historia de la eléctrica, que merecía mejor suerte de la que estaba corriendo a principios de la década y que tenía que ser uno de los grandes del sector en Europa.

Cuando la política tercia en la vida de las empresas, los valores de los gestores pasan a un segundo plano para tomar el protagonismo intereses ajenos a las propias compañías. Pizarro, en este sentido, se encontró con dos problemas. La llegada del PSOE al poder en 2004 dio el pistoletazo de salida a la política de Zapatero de procurar desplazar a los presidentes de las empresas privatizadas nombrados por el PP. No se trataba de que fueran o no buenos gestores, sino de que el presidente del Gobierno quería al frente de esas compañías a personas próximas a él. Lógicamente, a Pizarro le tocó bregar con esta situación, lo mismo que al presidente del BBVA, Francisco González.

Pero, además, Pizarro tuvo que enfrentarse con las consecuencias del Pacto del Tinell, el acuerdo por el que se formó el tripartito catalán que incluía entre sus puntos que Cataluña tuviera una eléctrica. Ésta es una vieja aspiración de los nacionalistas catalanes ya que es un elemento vital para conformar la estructura económica que haga viable un proyecto independentista. El punto de mira se puso inicialmente en Iberdrola, pero ésta ha sabido resistir a los ataques que ha venido recibiendo desde el año 2000. Después, Endesa se convirtió en la pieza a cobrarse y así, el 5 de septiembre de 2005, Gas Natural presentó una OPA por ella que ha acabado dejando a Endesa en manos de Enel y Acciona gracias a la intervención del Gobierno, primero a favor de la gasista y luego en contra de la alemana E.On, el caballero blanco que buscó Pizarro para defender Endesa.

Hoy, la compañía va a ser controlada por la eléctrica pública italiana y la constructora de los Entrecanales, pero Pizarro, con su estrategia, ha conseguido que de los 21,4 euros ofertados inicialmente por Gas Natural se haya llegado a los 41 ofrecidos por el tándem Enel-Acciona, con el consiguiente beneficio para los accionistas.

Pizarro, por tanto, tenía más que merecidos los elogios recibidos en la junta de Endesa y, sin duda, va a salir de la compañía por la puerta grande.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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