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Emilio J. González

Presupuestos de rojo

todo apunta a que el año próximo volverán a reinar los números rojos en el saldo presupuestario, por mucho que el Gobierno pueda presentar ahora un proyecto de cuentas públicas equilibrado

Emilio J. González
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El PSOE ha regresado al poder con la misma vocación de gastar que caracterizó a los gobiernos socialistas de la década de los ochenta y la primera mitad de la de los noventa. En este caso, parte es por convicción ideológica y parte por las necesidades políticas que el mismo PSOE se ha creado con Esquerra Republicana de Cataluña e Izquierda Unida. Pero lo cierto es que el equilibrio presupuestario, que tanto costó alcanzar y que tantos parabienes ha deparado en forma de crecimiento económico, empleo y mejora del bienestar de la sociedad, parece sentenciado a muerte por mucho que desde el Ministerio de Economía lo nieguen.
 
El secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, dijo el pasado mes de julio que el presupuesto de 2005 volvería al equilibrio presupuestario, después del déficit que prevé Economía para este año. Pero todo apunta a que el próximo ejercicio volverá a caracterizarse por los números rojos en las cuentas públicas. De momento, los compromisos adquiridos por el PSOE con ERC e IU para que apoyen en el Congreso de los Diputados el proyecto de presupuestos que presente el Gobierno suponen 2.000 millones de euros adicionales de gasto. A ellos hay que sumar los 400 millones que costará la subida de las pensiones anunciada el domingo por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. También hay que añadir las promesas, todavía sin cuantificar, de más gasto público en becas, en inversión en investigación y desarrollo, las ayudas al cine, las políticas de vivienda y todo un sin fin de compromisos adquiridos tras las elecciones generales que cuestan dinero... por no hablar de lo que pedirán Coalición Canaria, Convergencia y Unión y el Partido Nacionalista Vasco, cuyos votos necesitarán los socialistas en el Senado para sacar adelante los presupuestos. En la dinámica en que se encuentran en estos momentos las cosas, ese apoyo probablemente costará más dinero.
 
El aumento del gasto público, en sí mismo, no sería preocupante para el equilibrio presupuestario si los ingresos impositivos fuesen a crecer al mismo ritmo que los pagos. Pero, hoy por hoy, parece que las cosas no van a ser así. La economía crece, pero en el horizonte se vislumbran signos que hablan de desaceleración del crecimiento, del que tanto dependen las entradas de dinero en las arcas de Hacienda. Las exportaciones siguen sin remontar el vuelo y, para colmo de males, nuestra principal industria, el turismo, está dejando de ser la gallina de los huevos de oro porque el modelo de sol y playa no da más de sí. ¿De dónde procederán, entonces, los ingresos fiscales para compensar los mayores gastos? Probablemente, de ningún sitio.
 
La historia, por desgracia, no acaba aquí. Todo lo anterior es la fotografía del momento, pero también hay que mirar hacia el futuro, y en él aparece el agotamiento del modelo de crecimiento económico de los últimos años si no hay medidas, que por ahora no existen, para darle un nuevo impulso. Los expertos ponen fecha a este final en la primavera de 2005, lo que no significa que la economía española vaya a entrar en crisis, sino tan sólo que, a partir de entonces, perderá el diferencial de crecimiento a su favor  que hasta ahora mantenía con la Unión Europea y el ritmo de la actividad productiva española perderá pulsaciones, lo que también afectará de manera negativa a los ingresos presupuestarios.
 
En consecuencia, todo apunta a que el año próximo volverán a reinar los números rojos en el saldo presupuestario, por mucho que el Gobierno pueda presentar ahora un proyecto de cuentas públicas equilibrado. Pero, ya se sabe, el papel lo aguanta todo. Además, esto no es ninguna sorpresa. A pesar de los loores que han dedicado al déficit cero tanto el vicepresidente económico, Pedro Solbes, como el director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno, Miguel Sebastián, las palabras de otros destacados dirigentes del PSOE apuntaban claramente a la ruptura deliberada de la política de equilibrio presupuestario con el argumento de que el déficit cero es un concepto para el conjunto de la legislatura, no para mantenerlo año tras año. Suena bien. El problema es que incurrir en el desequilibrio presupuestario es muy fácil; lo difícil es volver a restaurarlo, sobre todo cuando en estos momentos se están sentando las bases para una dinámica de crecimiento del gasto público difícil de parar. La economía española no tardará mucho en empezar a pagarlo en cuanto se ponga en marcha.

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