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¡Que bajen los tipos!

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Huele a bajada de tipos en Europa, aunque no se sabe para cuándo. Entre los analistas hay división de opiniones, como en los toros. Unos apuestan por un recorte de un cuarto de punto el jueves; otros, en cambio, se inclinan por la rebaja en esa misma cuantía pero en la reunión que el Banco Central Europeo celebrará el 13 de septiembre. Y, como nadie tiene claro nada, el euro se ha debilitado ligeramente, descontando que el abaratamiento del precio oficial del dinero tenga lugar en la segunda fecha y no en la primera; aunque, en cualquier caso, la moneda única lo tiene muy claro: los tipos bajarán en breve. Por eso, entre otras razones, ha roto en las últimas semanas el techo de las 0,90 unidades por dólar.

De todas formas, dos semanas más o menos dan lo mismo. Incluso la propia magnitud del recorte es prácticamente indiferente. Un cuarto de punto no va a ninguna parte ni sirve, por sí solo, para dar fuelle a un crecimiento económico en la zona del euro que cada día está más alicaído. La cuestión es si la decisión que tome en breve el BCE es el preludio de un proceso más amplio de abaratamiento del precio oficial del dinero o si, por el contrario, todo queda en un mero gesto simbólico en consonancia con el recorte de un cuartillo que aprobó la semana pasada la Reserva Federal estadounidense. Todo dependerá del comportamiento de la inflación.

Las presiones sobre los precios de consumo en la zona del euro, sin embargo, parece que empiezan a remitir. El impacto sobre el IPC de la drástica subida de la cotización del petróleo en los dos últimos años ya está bastante absorbido y la propia recuperación de la divisa europea frente al dólar empieza a ser un bálsamo para las heridas provocadas por el encarecimiento del barril de oro negro. La propia desaceleración económica, por sí misma y por la intensidad con que se está produciendo, supone también un alivio para los sufridos índices de los Doce. Todos los datos de coyuntura sugieren, por tanto, que el rebrote inflacionista ha llegado a su fin.

De confirmarse este hecho, el BCE tendría margen de sobra para seguir reduciendo los tipos de interés en los próximos meses. La mayor parte de los analistas hablan de recortes totales de 0,75 puntos; el BSCH, incluso, estima que la bajada total puede ser de un punto. En cualquier caso, son magnitudes lo suficientemente importantes como para que puedan ejercer un efecto positivo sobre el decaído crecimiento económico de la zona del euro. Y eso es importante por tres razones.

En primer lugar, se podrá hablar de desaceleración para definir la coyuntura económica europea de la actualidad, pero no de crisis. En segundo término, ese impulso a la actividad productiva podría inyectar nuevas dosis de fortaleza al euro y permitirle recuperar la paridad con el dólar. Por último, este escenario se traduciría en subidas de las bolsas europeas, que descontarían unas cuentas empresariales más saneadas y un crecimiento de los resultados más fuerte. Pero hay que tener en cuenta que los mercados de valores anticipan en, aproximadamente, seis meses, los cambios de tendencia de la coyuntura económica. Por tanto, conviene estar atentos a partir de ahora porque si la recuperación de la zona del euro se produce, como parece probable, a lo largo de 2002, los precios de las acciones empezarán a emitir señales positivas a lo largo de las próximas semanas.

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