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Emilio J. González

Que quiebren las cajas

Quién iba a pensar que el campeón del socialismo, llegada la hora de la verdad, iba a sacrificar esas políticas sociales con las que tanto se ha llenado la boca en aras de satisfacer su ego.

Emilio J. González
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El presidente del BBVA, Francisco González, ha rechazado las intervenciones estatales que promueve el Gobierno para salvar a las cajas de ahorros en dificultades, más concretamente para salvar a todas ellas. FG argumenta que las actuaciones gubernamentales, además de ser transparentes, deberían centrarse en aquellas entidades menos dañadas y dejar caer a aquellas otras que sólo puedan sobrevivir gracias a las fuertes inyecciones de dinero público –véase la Caja de Castilla-La Mancha– porque así se aceleraría la vuelta a la normalidad en la concesión de créditos y se emplearían muchos menos recursos públicos, unos dineros que, como recordó, son escasos.

A FG no le falta razón, y por muchos más motivos que los que él expresó y que probablemente se calló porque un banquero no puede enfrentarse abiertamente con el Gobierno, y menos con el presidido por Zapatero, que las gasta como las gasta, como el propio presidente del BBVA tuvo ocasión de comprobar a finales de 2004 y principios de 2005. Empecemos por lo de los recursos escasos. En un país en el que ya hay casi un millón de personas que no percibe ingreso alguno, en el que los autónomos que tengan que cesar en su actividad debido a la crisis no van a poder cobrar prestación por desempleo alguna hasta 2011, resulta hasta inmoral que se vayan a enterrar miles de millones de euros en el salvamento de determinadas cajas de ahorros cuya supervivencia sólo es posible si el Estado les transfiere importantes cantidades de dinero que, probablemente, jamás llegará a recuperar. No obstante, Zapatero insiste en salvar a todas ellas, en que haya café para todos y en hacerlo, además, sin transparencia y sin exigir responsabilidades a los gestores que han llevado a esas entidades a la más absoluta de las ruinas. Conviene preguntarse por qué.

La primera parte de la respuesta se encuentra en el deseo de Zapatero de ocultar por qué algunas cajas han llegado a esa situación de quiebra total. Curiosamente, la mayor parte de los nombres que ya se conocen, o que se rumorean, son cajas que han venido siendo gestionadas por los socialistas desde hace años, por ejemplo, la de Castilla-La Mancha, a cuyo presidente, el ex secretario de Estado socialista, Juan Pedro Hernández Moltó, no solo no se le obliga a dimitir ni se le piden cuentas por su labor en los años en que ha estado al frente de la caja, sino que, además, y para más inri, se le consiente que en la fusión de la entidad con Unicaja pida para él y su equipo una salida honrosa. ¿Qué será lo que los socialistas se empeñan en tapar a cualquier precio? Piensen mal y seguro que acertarán.

En segundo lugar, Zapatero, que ahora juega a gran líder internacional, a salvador del mundo en una crisis financiera internacional sin precedentes, quiere presentarse ante los demás líderes políticos occidentales como el presidente del país que mejor ha sabido hacer las cosas en este terreno y en donde no se ha producido una sola quiebra de entidades crediticias. Es, por tanto, una parte más de su política de marketing, de imagen, pensada tanto para la próxima reunión del G-20 y las que puedan venir a continuación, como para la presidencia española de la Unión Europea que tendrá lugar el año que viene. O sea, que los deseos de Zapatero de ser siempre el centro de todo, y más en estos momentos, nos van a costar muy caros a los españoles, sin saber por qué se va a enterrar nuestro dinero en cajas de ahorros completamente destruidas y dejando a la intemperie a todos esos cientos de miles de personas que ya no tienen ingresos, más las que van a venir en los próximos meses, mientras él se dedica a salvar al mundo y a ocultar las vergüenzas de los políticos regionales que han dado lugar a esta situación. Quién iba a pensar que el campeón del socialismo, llegada la hora de la verdad, iba a sacrificar esas políticas sociales con las que tanto se ha llenado la boca en aras de satisfacer su ego.

Además, estas operaciones de salvamento no dejan de ser competencia desleal hacia aquellas entidades que lo han hecho razonablemente bien o que tienen capacidad por sí solas y por la calidad de su gestión de superar sus problemas. Quien lo ha hecho mal y no puede sobrevivir debe desaparecer porque, de lo contrario, además de distorsionar lo que debe ser el buen funcionamiento del mercado, se está dando lugar a una situación de riesgo moral por la cual los responsables de las cajas, ya sean políticos o gestores, saben que pueden seguir haciendo de su capa un sayo y, tarde o temprano, volverán a las andadas. Esta posibilidad debe cortarse de raíz y la única forma de hacerlo es dejar que quiebre quien tenga que hacerlo, además de exigir las responsabilidades pertinentes a quien corresponda.

Volviendo a las palabras de FG, el presidente del Gobierno insiste una y otra vez en la necesidad de generar confianza en la economía española. Para ello, es preciso que se sepa con exactitud qué pasa y quién sufre qué en todo lo referente al sector financiero. Solo cuando se sepa quién está bien, quién pasa dificultades pero puede salir adelante y quién está irremisiblemente condenado si no lo salvan los dineros públicos se generará esa confianza que necesita el sistema financiero español para que vuelva a fluir el crédito con normalidad. Pero si en lugar de abrir las ventanas de par en par para permitir que entre la luz, y buenas bocanadas de aire fresco, se cierran a cal y canto para mantener todo en el más absoluto de los secretos, esa confianza no sólo no volverá sino que se deteriorará aún más si cabe cada vez que se produzcan operaciones como la de la Caja de Castilla-La Mancha o de cualquier otro tipo, pero siempre con el mismo fin. Y así, lo único que se conseguirá es prolongar y profundizar todavía más la ya de por sí grave crisis económica española.

Por todo ello, Zapatero debería olvidarse del café para todos y dejar que las cosas evolucionen con la lógica que requieren las circunstancias porque este país no está ni para seguir generando desconfianza, ni para continuar tirando el dinero público a espuertas cuando hay problemas sociales tan graves que resolver. Por irónico que parezca, unas cuantas quiebras de cajas de ahorros es lo mejor que podría pasar en estos momentos.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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