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Emilio J. González

Repsol busca novia

Emilio J. González
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Desde hace un año, aproximadamente, el presidente de Repsol YPF, Alfonso Cortina, visita con cierta frecuencia al vicepresidente económico del Gobierno, Rodrigo Rato. El motivo no es otro que el hecho de que la petrolera hispano-argentina es una de las empresas candidatas a ser objeto de una OPA. Cortina trata de explicarle, una y otra vez, a Rato que el PER –el precio de la acción respecto a sus beneficios– de la compañía que preside es la mitad que el de los grandes del sector a nivel mundial; es decir, que Repsol YPF es barata y, por tanto, cualquiera de ellos podría comprarla sin excesivas dificultades.

Cortina, por ello, ha insistido una y otra vez frente a Rato en la necesidad de que el Gobierno le eche una mano y le recuerda con insistencia que, si el Ejecutivo quiere que existan multinacionales españolas, debe hacer algo para ayudarlas. Así, cuando se estaba elaborando el paquete de medidas de liberalización del pasado 23 de junio, el presidente de Repsol YPF le pidió al vicepresidente económico del Gobierno que no fuese demasiado duro con el capítulo que afectase a la distribución de hidrocarburos en España. Pero el tiro le salió por la culata.

Alfonso Cortina decidió, entonces, cambiar de estrategia y se decantó porque la compañía ganase tamaño para encarecer una posible OPA y, por consiguiente, dificultarla. Su punto de mira se dirigió a Iberdrola. Primero buscó un acuerdo con ella, que el Gobierno frustró; después optó por entrar en la eléctrica vasca a través de Gas Natural, y el Ejecutivo volvió a impedirlo. Y cuando se planteó la posibilidad de una fusión entre Endesa e Iberdrola, Repsol YPF hizo todo lo posible para dinamitar la operación y dejar las puertas abiertas para volver a iniciar el asalto.

Ahora, Repsol YPF busca novia con la que aliarse y ganar tamaño. Cortina, por un lado, trata de seducir al presidente de Iberdrola, Iñigo de Oriol, para que ambas compañías intercambien acciones. La operación, además, estaría bien vista por la Dirección General de Política Energética del Ministerio de Economía; ambas empresas ganarían tamaño y sería más difícil que cualquiera de ellas sucumbiera a una OPA. La petrolera hispano-argentina coquetea también con la francesa Total-Elf, con la que ha mantenido contactos con vistas a una posible alianza. No obstante, Repsol YPF tropieza en este caso con una dificultad, la participación que posee la compañía gala en Cepsa.

Mientras tanto, estos intentos han provocado los celos de la italiana Eni; la transalpina ha manifestado con claridad, a través del Gobierno de su país, su interés por el noviazgo con Repsol YPF. La operación estaría bien vista por los mercados, porque ambas compañías son complementarias y ganaría tamaño. El problema es que en el capital de Eni está el Estado italiano, y la política del Ejecutivo español respecto a las empresas privatizadas es que no entren en ellas empresas públicas de otros países.

De esta forma, las ansias de noviazgo de Repsol YPF topan una y otra vez con dificultades. Y es que el Gobierno no quiere cualquier novio para quien ha sido una de las joyas de la corona del Estado español. Eso sí, con todo este embrollo, lo único claro es que la acción de la compañía que preside Alfonso Cortina tiene muchas papeletas para subir o, en el peor de los casos, para no caer tanto como otras empresas que cotizan en Bolsa.

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