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Emilio J. González

Samba en la Bolsa

Emilio J. González
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La victoria de Luiz Inacio "Lula" da Silva en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas ha devuelto la alegría a la Bolsa. El triunfo estaba cantado, después los resultados cosechados por Lula y las encuestas así lo venían adelantado. Pero los mercados todavía no habían descontado por completo las consecuencias del triunfo. De hecho, lo están haciendo por etapas y lo que por ahora cotiza es la desaparición de la incertidumbre política asociada con todo proceso electoral, especialmente en una Latinoamérica donde, por desgracia, la excepción es hablar de normalidad en el desarrollo de los comicios. Esta actitud del mercado español queda recogida en la sesión del lunes, que cerró con una ganancia del 1,2% en el Ibex 35 gracias a los avances registrados por los valores con intereses en Brasil, como Telefónica o los dos grandes bancos. En la primera jornada bursátil de la semana se ha bailado a ritmo de samba.

La alegría, sin embargo, aún no está completa. Es verdad que la desaparición de la incertidumbre política es positiva para la Bolsa e, incluso, para la marcha de la economía porque clarifica el escenario en el que, a partir de enero, tendrán que moverse las empresas y los inversores con intereses en Brasil. Lula, además, lleva meses tratando de convencer al mundo económico nacional e internacional que no es, ni mucho menos, tan fiero como le pintan y que su llegada al poder no traerá consigo cambios en la política económica articulada por el equipo del presidente Cardoso y que tan buenos resultados ha dado al país. Ese mensaje ha sido fundamental para la reacción que ha tenido la Bolsa tras confirmarse una victoria electoral histórica en Brasil, la que ha llevado por primera vez a un obrero a la presidencia de la nación.

No obstante, todavía falta la prueba del algodón, una prueba que se iniciará en enero, cuando Lula tome posesión de su cargo y forme Gobierno. Esa será la primera señal de su voluntad de cumplir la palabra que ha dado al mundo económico. En este sentido, será fundamental el equipo económico que forme y el poder que le otorgue porque no bastará con nombrar a personas bien vistas por los inversores si luego no tienen bastante poder para desarrollar las políticas económicas adecuadas. Los gestos están bien pero tienen que ir acompañados de hechos. Después habrá que ver la evolución de Brasil y la del propio Lula conforme se desarrollen los acontecimientos, ya que la economía brasileña ahora se encuentra en crisis, afectada por la catástrofe argentina. Si la crisis se prolonga, o si empiezan los movimientos de contestación social porque Lula resulta ser menos de izquierdas que lo que indica su campaña electoral, el que será próximo presidente de la nación puede verse tentado a caer en el populismo, lo que sería un desastre. Pero eso se irá viendo con el tiempo.

Mientras tanto, lo importante es que se ha despejado la incertidumbre política y que Lula quiere mostrarse sensato. Si se mantiene en la misma actitud en cuanto empiece a ejercer su cargo, la samba del lunes volverá a bailarse en el parqué.

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