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Emilio J. González

Tiempo de rectificar

Rectificar es de sabios y el Gobierno del PP supo hacerlo en su segunda legislatura en el poder cuando la situación internacional invalidó las previsiones que había realizado en el verano

Emilio J. González
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¿Por qué se empeña Solbes en mantener contra viento y marea una previsión de crecimiento económico para 2005 que ni él mismo se cree? Todos los analistas coinciden en señalar que la economía española no crecerá el año próximo el 3 por ciento estimado por el Gobierno, como consecuencia de los altos precios que ha alcanzado el petróleo y la consiguiente desaceleración en la actividad productiva internacional que está provocando la evolución del crudo. Incluso la Comisión Europea, poco proclive a molestar a los Gobiernos con estas cuestiones, y mucho menos al español si se tiene en cuenta que el comisario europeo de Asuntos Económicos es el socialista Joaquín Almunia, ha corregido sus cálculos a la baja y acaba de decir que el PIB hispano no subirá más del 2,6%. Sin embargo, a pesar de ello, el vicepresidente económico del Gobierno sigue sin rectificar el cuadro macroeconómico de los presupuestos y a lo más que ha llegado es a señalar que se aleja la posibilidad de que la realidad confirme sus cifras.
 
Al empeñarse en mantener esa actitud, Solbes se hace un flaco favor a sí mismo y al Gobierno de que forma parte. Podría justificarse su perseverancia en el sentido de que las previsiones oficiales condicionan las expectativas de los agentes económicos y, por tanto, si ahora se revisan a la baja, esas expectativas podrían deteriorarse. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esa capacidad de influir en las empresas, los inversores y los consumidores con las estimaciones del Gobierno, se debe a que en los ocho años que el PP estuvo en el poder hizo que, efectivamente, las previsiones del Ejecutivo fueran creíbles porque se cumplían y si había desviaciones era, en la mayor parte de los casos, para reflejar una situación mejor en términos de crecimiento, inflación, déficit público o empleo de lo que había avanzado el Gabinete. Pero si las previsiones dejan de corresponderse con lo que luego es la realidad, sobre todo, cuando en casos como este, es tan clara la distancia que media entre unas y otra, las estimaciones pierden su valor y las expectativas de los agentes económicos se adaptan a ello hasta el punto de poder llegar a provocar que las medidas de política económica tengan el efecto contrario al que se buscaba. Por este descubrimiento, Finn E. Kydland y Edward C. Prescott han ganado este año el premio Nobel de Economía.
 
No me cabe la menor duda de que Solbes sabe esto perfectamente, lo cual nos devuelve a la cuestión inicial: ¿por qué no revisa las previsiones? Puede que la respuesta esté en la sensación de debilidad que transmite el Gobierno en su conjunto. Las críticas a su labor, o a la inexistencia de la misma, en más de un caso son respondidas de manera contundente. Véase si no la respuesta que dio el director de la Oficina Económica del Gobierno, Miguel Sebastián, a varios medios de comunicación que, al presentarse los presupuestos, se atrevieron a poner en cuestión el cuadro macroeconómico sobre el que se han construido. Posiblemente, más de un miembro del Ejecutivo piensa que modificar ahora el cuadro es un síntoma más de que este Gabinete no funciona y, por tanto, se niega a ello. Pero esta forma de pensar es un error, porque la gente no sólo no es tonta sino que, a lo largo de las dos últimas legislaturas, ha aprendido a valorar las buenas políticas económicas y tiene criterio de sobra para juzgar si lo que se le dice desde Moncloa o desde Alcalá 7 es cierto o no. En consecuencia, nadie va a aceptar que en este asunto le den gato por liebre, y menos un gato tan deslustrado como éste.
 
Rectificar es de sabios y el Gobierno del PP supo hacerlo en su segunda legislatura en el poder cuando la situación internacional invalidó las previsiones que había realizado en el verano, para tener que rebajarlas y acomodarlas al nuevo escenario de intensa desaceleración mundial que se había perfilado. Solbes debería hacer lo mismo y nadie le va a culpar por ello porque todo el mundo entiende que la culpa de lo que pasa hoy tiene un nombre conocido: petróleo. Otra cosa es lo que pase mañana, cuando los efectos de la política económica del PP se agoten –dicen los expertos que en la próxima primavera– y se vea que, al menos por ahora, los socialistas no han articulado alternativa alguna. Pero eso ya es harina de otro costal.

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