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Tiempos de dificultades

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Pintan bastos para la economía mundial. Estados Unidos se hunde cada día más, Japón sigue inmerso en las profundidades del pozo en que cayó hace diez años y la Unión Europea pierde ritmo a pasos agigantados. ¿Estamos a las puertas de una nueva crisis internacional?

Desde luego, el panorama para los próximos meses no es muy halagüeño. De entrada, la evolución de la economía estadounidense, por ahora, no va a ser en forma de V, como esperaban los analistas y la Reserva Federal a principios de año. Por el contrario, el último “libro beige” de la Fed advierte de que la caída del sector industrial está contagiando al resto de la economía estadounidense que, lejos de empezar ya a superar las dificultades, se encuentra cada día más inmersa en ellas. El primer motor de la economía mundial, por tanto, sigue funcionando a pocas revoluciones.

El segundo motor, Japón, sigue estropeado. La economía del Archipiélago ha vuelto a entrar en recesión por cuarta vez en el último decenio. Los planes de relanzamiento a base de programas de gasto público no surten efecto, como tampoco lo hace la política monetaria de tipos de interés cero, porque los bancos están en tan mala situación que siguen siendo incapaces de expandir el crédito. Y la producción industrial y los pedidos de bienes de equipo del sector han vuelto a contraerse. A los nipones, por tanto, no los salva nadie mientras no hagan una reforma en profundidad que el nuevo primer ministro, Koizumi, quiere llevar a cabo, al menos de palabra, porque de ahí a los hechos hay una distancia muy grande y nadie está seguro de que la quiera recorrer.

En la Unión Europea, las cosas están algo mejor, pero no como para tirar cohetes. El crecimiento económico alemán se viene abajo a pasos agigantados, arrastrando consigo, en mayor o menor medida, al resto de los Quince. La situación, de hecho, no está para bromas y el Banco Central Europeo, en su último boletín mensual, ha expresado abiertamente su preocupación por el estado de salud económica de la zona del euro, cosa que hasta ahora nunca había hecho.

En consecuencia, puede que se avecinen tiempos difíciles para la economía mundial en su conjunto, aunque los embates de la crisis castigarán a España mucho menos que al resto de economías industrializadas.

Mientras tanto, la Fed y el BCE tratan de que el temporal se pueda capear con la ayuda de la política monetaria. Ambas instituciones están preparando sendos recortes de tipos de interés para ejecutarlos en las próximas semanas. Pero nadie debe llamarse a engaño. El abaratamiento del precio oficial del dinero se dejará sentir sobre el crecimiento económico a medio plazo. A corto, apenas servirá para cambiar el rumbo de los acontecimientos. Prueba de ellos es que la bajada de 2,75 puntos en los tipos estadounidenses, llevada a cabo por la Reserva Federal en los últimos seis meses, no ha impedido que EEUU se venga abajo. Por tanto, paciencia y a aguantar lo que se venga encima. No hay otro camino.

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