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Emilio J. González

Toneladas de maquillaje

Rinconete y Cortadillo al lado de Zapatero y Pepiño eran dos hermanitas de la caridad, sólo que los españoles ya han visto mucho y no caen en la trampa así como así, al menos muchos de ellos.

Emilio J. González
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Si hay alguien que entienda al Gobierno, que venga y lo compre. El Ejecutivo está haciendo todo lo posible por ocultar la grave realidad de la economía, que es lo mismo que reconocer las consecuencias de su pésima política económica. Así, un día se le ocurre maquillar las cifra del paro, sacando de las listas del Servicio Nacional de Empleo a los prejubilados; otro, como ahora, se le viene a la cabeza incluir en los listados de la Seguridad Social a adolescentes de catorce y quince años para que las cifras de afiliación mejoren un poco su aspecto mortecino; y así una y otra vez. Todo esto, además, viene después de que el Gabinete se empeñara en negar por activa y por pasiva la realidad de la crisis y, en consecuencia, no empezara a tomar medidas cuando debía, ni entonces ni ahora.

Si todo quedara en una cuestión de cifras convenientemente "tratadas" la cosa no sería tan grave. El problema de fondo es que –aparte de emplear toneladas de maquillaje para presentar a los españoles esa realidad idílica que ve Zapatero desde lo alto de su torre de marfil y que los que habitamos a ras de suelo no acabamos de percibir por ninguna parte, porque aquí se está más cerca del infierno que desde las alturas en las que mora nuestro presidente del Gobierno– resulta habitual para el Ejecutivo emplear todo tipo de señuelos para distraer la atención del respetable de los asuntos que verdaderamente le importan, que en estos momentos son su empleo, su bienestar y el de su familia. Así, si el Fondo Monetario Internacional está a punto de dar un fuerte varapalo a la economía española, pues que circule el rumor de que Zapatero podría no repetir en las próximas elecciones y que su sustituta en la cabeza de cartel electoral de los socialistas podría ser la ministra de Defensa, Carme Chacón. Si la prensa internacional sacude a España de lo lindo un día sí y otro también, se lanza el rumor de una próxima crisis de Gobierno como válvula de escape a tanta tensión acumulada entre la ciudadanía.

Lo malo para Zapatero es que los españoles nos empeñamos en ser obstinados y no creernos lo que se nos cuenta desde el poder y sus aledaños. Aquí el pueblo sigue siendo como Sancho Panza, un punto ingenuo y generoso pero con los pies sobre la tierra ante las locuras de su señor don Quijote, que ve gigantes donde sólo hay molinos y pretende que los demás los vean también. En esto no hay magia que valga, sino pura y simple picaresca al más alto nivel del poder político. Rinconete y Cortadillo al lado de Zapatero y Pepiño eran dos hermanitas de la caridad, sólo que los españoles ya han visto mucho y no caen en la trampa así como así, al menos muchos de ellos.

Visto lo visto, no puedo por menos que preguntarme si tanto esfuerzo para disfrazar la realidad o desviar la atención del personal realmente merece la pena. A tenor de las encuestas de intención de voto, parece que no, y eso es lo malo porque, en buena lógica, ante semejantes resultados cabría esperar una reacción positiva para cualquier Gobierno que se encontrara en la tesitura en que se halla el de Zapatero. Pero aquí no. Que se pierden votos, pues más políticas radicales para ganarlos por la extrema izquierda, como la llamada ley de derechos humanos o la de memoria histórica.

Sería mucho más fácil para los socialistas que, si quieren seguir en el poder, como parece que es su intención, se dedicaran de una vez por todas a hacer política económica. Las cosas no están nada bien, ya lo sabemos, y lo más probable es que se pongan aún peor –si es posible– en el transcurso de los próximos meses. Sin embargo, también es cierto que aunque estamos en una situación que nunca se había conocido en nuestro país, con la superposición de tres crisis –la inmobiliaria, la de pérdida de competitividad y la financiera que viene de fuera–, los remedios para afrontar la que está cayendo se conocen. Por supuesto, no son fáciles de aplicar y aunque funcionaran, no iban a salvar a la economía española de la noche a la mañana. Pero desde luego, nunca saldremos adelante si se sigue sin tomar medidas, esperando a que la recuperación venga por sí sola, lo cual es bastante improbable. Eso es lo que falta en estos momentos: decisión y voluntad política para hacer lo que hay que hacer. Lo que sobran son kilos de maquillaje y toneladas de humo para formar cortinas con las que ocultar la realidad.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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