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Emilio J. González

Una corrección saludable

Emilio J. González
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Agosto y las primeras sesiones de septiembre hacían presagiar que este mes bursátil sería la excepción a la regla que dice que es bajista. La evolución de las cotizaciones, por el contrario, llevaba a pensar que sería ‘espectacular’ como vaticinaban algunos analistas. Sin embargo, llegó la reunión del G-8 y su petición de que China y Japón revaluasen sus monedas frente al dólar para que todo cambiara: los dos gobiernos asiáticos rechazaron la petición, pero el mercado impuso su ley y depreció el dólar, provocado un sentimiento negativo entre los inversores, que se agudizó al conocerse esta semana que la OPEP recortará la producción de petróleo a partir de noviembre. En estas circunstancias, las ventas se han impuesto, de tal forma que el Ibex 35 ha perdido el 4,12% en la semana que acaba de concluir, para situarse en el nivel de los 6.800 puntos.

En principio, esta situación no es para alarmarse. En agosto y principios de septiembre, los mercados de valores habían subido mucho, e incluso habían roto importantes resistencias al alza. El problema es que lo hicieron sin un volumen de negocio elevado que diera consistencia, solidez y estabilidad a esas subidas, que dejaron fuera a muchos inversores que se quedaron a la espera de que se produjera una corrección para comprar. Esa corrección se ha producido esta semana y, en principio, no hay razones para pensar que pueda ir a más, sobre todo porque el dato de crecimiento económico de Estados Unidos correspondiente al segundo trimestre, cuando su PIB aumentó el 3,3% interanual, es bueno y habla claramente de recuperación económica. Pero aunque la mayor parte de los datos envían ese mismo mensaje, algunos de ellos, como el índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan, que cayó en agosto por primera vez en cinco meses, sugieren que todavía es pronto para echar al vuelo las campanas de la reactivación.

En consecuencia, los datos económicos apoyan la idea de que el mercado sigue siendo alcista. Ahora a lo que hay que atender es a dos cuestiones fundamentales. La primera de ella es de corto plazo, esto es, si la caída de los índices bursátiles se detendrá en los niveles actuales, en los que encuentra soportes en los que debería entrar dinero para retomar la senda alcista, o si, por el contrario, continúa la corrección. Lo más probable es que suceda lo primero, ya que los resultados empresariales están mejorando, no sólo por los ajustes de costes sino también por aumentos en las cifras de negocio, lo que hace que, después de las últimas caídas, muchas acciones estén a precios interesantes para entrar. Pero el mercado es libre y soberano y podría reaccionar de otra manera, sobre todo si se produce alguna nueva noticia adversa, del tipo de las de la cotización del dólar o el recorte de producción de petróleo.

La segunda cuestión son los resultados empresariales. Estamos a punto de entrar en octubre, un mes en el que las compañías empezarán a presentar sus cuentas del tercer trimestre y, sobre todo, a avanzar si sus beneficios o pérdidas marchan conforme a lo previsto, son mejores o son peores. Si predominan las mejoras, las cotizaciones lo recogerán de manera favorable; si mandan los ‘profit warnings’ o revisiones a la baja de las previsiones, las cosas serán distintas, si bien por los datos macroeconómicos de los últimos meses lo más probable es que predominen las noticias positivas sobre las negativas. En este caso, la Bolsa empezaría a preparar su rally de fin de año, que podría llevar al Ibex 35 a un nivel entre los 7.500 y los 7.800 puntos.


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