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Emilio J. González

Y ZP sin enterarse

Mientras los mercados nos ponen cada vez más en el punto de mira, Gobierno y oposición siguen encastillados en posiciones irreconciliables por pura y simple estrategia política.

Emilio J. González
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Está claro que Zapatero nos lleva a la ruina. El encuentro que acaba de celebrar con Rajoy era una ocasión que ni pintada para lanzar un verdadero mensaje de calma a los mercados, pero entre que no se entera de qué va la película y que no quiere dar su brazo a torcer bajo ningún concepto, la reunión ha terminado como era de temer, es decir, en nada verdaderamente relevante para empezar a resolver los problemas. Lo cual es bastante grave porque ahora ya no se pueden dejar las cosas para otro día, ya que en los mercados los nervios están a flor de piel, como demuestran los desplomes del Ibex, el aumento constante del diferencial de tipos con Alemania y la debilidad del euro frente al dólar, y porque hay quien aprovecha las circunstancias para quitarse presión de encima poniéndosela a España.

La reunión vino precedida del rumor acerca de que España está negociando un crédito de 280.000 millones con el Fondo Monetario Internacional, cosa que no sería de extrañar teniendo en cuenta los más que serios problemas presupuestarios que atravesamos y que este mes una delegación del FMI se va a dar una vuelta por nuestro país para estudiar nuestras cuentas públicas, claro síntoma de que en Washington, como en otros muchos sitios, se temen lo peor. La cuestión es que la difusión de ese rumor le vino muy bien a otros países, en especial a Francia y, en menor media, al Reino Unido, cuya situación presupuestaria empieza a ponerse también en entredicho. Y teniendo en cuenta cómo se las gastan en este mundo, no sería extraño que alguien desde allí hubiera hecho circular el rumor. No es casualidad, desde luego, que la web de Le Monde, uno de los periódicos galos más importantes, el martes tuviera colgada la noticia. Vamos, que estamos en una situación en la que por Europa abundan los codazos y zancadillas con tal de no caer en la hoguera de los mercados. ¿Juego sucio? Desde luego, pero así son las cosas cuando la situación financiera internacional, o, más concretamente, europea, empieza a ser algo así como un sálvese quien pueda.

En este contexto, lo que tendrían que haber hecho Zapatero y Rajoy es haber anunciado conjuntamente la inmediata aprobación de un drástico plan de recorte del gasto público que afecte a todas las administraciones y de un amplio y profundo paquete de reformas estructurales, empezando por la laboral, todo lo cual sería fruto del pacto entre el PSOE, el PP y todas aquellas otras formaciones políticas sensatas que quisieran sumarse al mismo. Ese es el compromiso adoptado por los líderes políticos portugueses para superar la crisis y es el que cabría esperar de personas sensatas, que entienden la realidad y que actúan con lógica. Ese tipo de gente, por desgracia, es escaso en la envenenada política española y así nos va. Mientras los mercados nos ponen cada vez más en el punto de mira, Gobierno y oposición siguen encastillados en posiciones irreconciliables por pura y simple estrategia política. Mientras en otros lugares se extienden rumores sobre nosotros para tratar de evitar que otros países caigan, aquí seguimos sin enterarnos de cómo nos zancadillean por el mundo porque hay quien es incapaz de ver más allá de sus narices. Y entre unos y otros, la economía española caminando peligrosamente al borde del abismo y a punto de caer en él.

Zapatero, por supuesto, es el gran culpable. Sigue diciendo eso del compromiso del Gobierno con un ajuste presupuestario que no se ve por ninguna parte, cuando lo que están pidiendo esos mercados a los que ya engañaron en su momento Salgado y Campa es concreción tanto en las medidas como en el calendario, dos cosas que deberían haber salido de la reunión con Rajoy y que, sin embargo, no se han pactado. Seguramente, el líder del PP tiene toda la razón cuando dice que todo es cosa de ZP. Y es que el presidente del Gobierno ahora se cree que si consigue de aquí a las municipales, más o menos, arreglar la cuestión de ETA con una nueva negociación, puede salvarse políticamente. Sin embargo, probablemente está calculando mal porque quien pierde su casa o su trabajo y no tiene esperanzas ni siquiera de comer, no va a votar a ZP por lo que consiga con ETA sino que su apoyo vendrá condicionado por su situación socioeconómica. Es verdad que el terrorismo sigue siendo un problema, una preocupación de los ciudadanos, pero para muchos de ellos, la principal angustia ahora es de qué va a vivir su familia, si podrá conservar su puesto de trabajo y su casa y qué futuro le aguarda a sus hijos. Así es que Zapatero, con su empeño en no hacer lo que hay que hacer para arreglar la economía y buscar salvavidas político-electorales en otros terrenos, puede estar equivocándose de plano.

Claro que en el PP tampoco parece que lo estén haciendo mucho mejor. Rajoy le dice con razón a Zapatero que recorte el gasto público, pero eso es algo que tienen que hacer todos los niveles de la Administración, no sólo el Estado y, sin embargo, allí donde gobiernan los ‘populares’, con la excepción de la Comunidad de Madrid, eso de apretarse el cinturón es algo de lo que no quieren oír ni hablar. Basta como botón de muestra la situación financiera del ayuntamiento de la capital. Rajoy, por ello, no sólo tiene que criticar al presidente del Gobierno por todo lo que hay que criticarle. Es que, además, tiene que obligar al PP a dar ejemplo en todas las autonomías y ayuntamientos en los que detenta el poder, porque una cosa es predicar y otra dar trigo. Y debe hacerlo con el fin de que las encuestas que hablan de una posible victoria del gallego y los suyos en las generales sirvan también de mensaje de tranquilidad a los mercados, en el sentido de que un cambio político supondrá de verdad un cambio económico en nuestro país, porque tal y como están las cosas con la economía dudo mucho de que Zapatero vaya a ser capaz de aguantar hasta el final de la legislatura. Pero eso sólo podrá hacerlo Rajoy si desde ya desgrana todo un conjunto de propuestas concretas para salir de esta situación y lleva a los suyos en todos los niveles de la administración a seguir las mismas políticas que predica para el Estado.

Todo lo demás no hace más que conducirnos a ese pesimismo que expresó Quevedo cuando escribió aquello de "Miré los muros de la patria mía/si un tiempo fuertes ya desmoronados". Y este país no se merece ese aciago destino.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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