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Emilio J. González

Zapatero, erre que erre

Aquí nadie se cree al Gobierno, especialmente cuando después de que Zapatero trate de insuflar otra vez a la sociedad una dosis de su optimismo antropológico, viene alguien solvente que ha hecho las cuentas y le desmonta todos los argumentos.

Emilio J. González
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Qué poco le ha durado a Zapatero el repunte de su optimismo antropológico tras la reunión en Londres del G-20. Nuestro presidente, tan encantado con los resultados que han salido de la cita como lo habría estado si estos hubieran sido diferentes –sólo le importaba que fueran acuerdos y, por tanto, susceptibles de vender en términos políticos y electoralistas– no se cansó de decir antes de la cita en la capital británica que, después de la misma, se iniciaría la recuperación económica, la del mundo en general y la de España en particular. Por supuesto, después de la Cumbre ha insistido todavía más en el mensaje, por si aquí no nos hubiéramos enterado y siguiéramos insistiendo en eso de que nuestros problemas particulares son más graves que los del resto del mundo, que tenemos crisis para rato, que el G-20 no nos va a sacar las castañas del fuego...

Pero hete aquí que acaba de venir el Banco de España a aguarle a ZP su particular fiesta personal. Resulta que el instituto monetario, al día siguiente de la conferencia londinense, se desmarca de la propaganda oficial sobre la evolución de la crisis, de los mensajes de unos y otros acerca de que tocará suelo este año y luego se recuperará con el mismo vigor con el que se ha hundido, y dice que de eso nada de nada. Su servicio de estudios calcula que la caída de la actividad productiva, lejos de moderarse a corto plazo, va a ser mucho peor de la que estima el Gobierno –del 3%, frente a la previsión oficial del 1,6%– en su última revisión del cuadro macroeconómico; y no sólo eso, sino que el desplome seguirá hasta finales de 2010. Para poner peor las cosas, augura una tasa de paro de prácticamente el 20% y un déficit público del 8% para este año. Las previsiones, desde luego, no pueden ser peores, no sólo en sí mismas sino porque hasta ahora nadie ha presentado unas tan malas. Y en esto de los pronósticos sobre la marcha de la economía, el Banco de España es tremendamente preciso, así es que estamos apañados: ni el G-20 es el bálsamo de Fierabrás, que todo lo cura; ni el Gobierno quiere abandonar de una vez su estúpida estrategia de negar la realidad y de insistir en un optimismo sin justificación que ya resulta esperpéntico; ni, por supuesto, está por la labor de ponerse manos a la obra para lo que hay que hacer.

Lo que me sorprende de todo esto –y eso que a estas alturas de la película ya debería estar curado de espantos– es que Zapatero se lance como se lanza a la piscina de las previsiones económicas sin mirar tan siquiera si hay agua o no. Si lo que ha dicho el Banco de España lo hubiera expuesto una entidad privada, se entendería que al presidente del Gobierno le cogiera por sorpresa. Pero es que lo ha dicho el Banco de España, con quien ZP tiene línea directa y permanente para todo lo que quiera y que, antes de publicar sus previsiones en su boletín mensual, las da a conocer al Ejecutivo a través del Ministerio de Economía. Entonces, ¿por qué Zapatero insiste en decir lo que dice, cuando sabe a ciencia cierta que está tan lejos de la verdad como la Tierra del Sol? ¿Por qué se empeña en hacer el ridículo de esa manera? Porque, puestos a hablar de credibilidad, el Servicio de Estudios del Banco de España la tiene toda, y bien ganada a lo largo de décadas, mientras que este Gobierno hace ya bastante tiempo que la perdió por completo. Por eso no entiendo nada de nada.

A ningún político mínimamente sensato se le ocurriría embarcarse en semejante juego, y mucho menos hacerlo una vez tras otra, empeñándose en convencer a todo el mundo de que las cosas son muy distintas a la dolorosa realidad que los ciudadanos perciben un día sí y otro también. La única explicación que puedo encontrar es que Zapatero es incapaz de admitir sus errores, de aceptar sus fracasos, de aprender de ellos y rectificar. Por mucho que insista el presidente del Gobierno, esto no se arregla con decir que todo va a ir bien: los españoles saben de sobra que no es así. Por mucho que insista en lanzar mensajes de pretendido optimismo, aquí nadie se cree nada mientras no vea que se toman las medidas que hay que tomar; y mucho menos cuando después de que Zapatero trate de insuflar otra vez a la sociedad una dosis de su optimismo antropológico, viene alguien solvente que ha hecho las cuentas y le desmonta todos los argumentos: ya sea el Banco de España, el FMI, la OCDE, la Comisión Europea o cualquiera de los muchos y buenos analistas que hay en nuestro país. Pero él, erre que erre. ¿Aprenderá alguna vez?

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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